ángeles y aviones de papel.

Martes, enero 31, 2017 Permalink 0

 

Me gusta reconocerme a través del tiempo.

Retozar con los ángeles y aviones de papel.

Te sigo hasta casa, perdido y contradictorio.

Algo extraordinario como un pájaro azul.

Se vende esta sensación de culpabilidad.

Ilumíname con tu corazón de oro pulido.

Dame paz con esas palabras que no son armas.

Incluso con aquello que no dices y me da alas.

Estoy saturado de pájaros extraños junto a la luz.

Tal vez el aire que respiro se ha vuelto carrusel.

Escúchame a través de cualquier ventana.

Siento un pecado envuelto en un traje oscuro.

Un rio sediento, más fuerte que una Madre.

Tan sólo porque te creo

Lunes, enero 23, 2017 Permalink 0

 

 

 

Acércate con voz muy trémula y dispersa la fragilidad de este sueño.
Te entregaré la belleza que nunca has vivido envuelta de escalofrío.

Volvamos a pergeñar la magia del mundo desde el frontis de la piel.

Subamos la intensidad del deseo de a poco, alienando la inmortalidad.

Arderemos entre la luna y el cristal que te enerva en la inmovilidad.

Una fiesta de manos recíprocas y sentimientos en permanente soflama.

Amarte en modo incendiario. Sin heridas aparentes, tan sólo porque te creo.

 

Casi muerto. Apenas vivo.

Miércoles, enero 18, 2017 Permalink 1

 

 

 

Percibo un desconcertante silencio

después de la intensa batalla.

Conmoción de ceniza en la boca.

El puño incrustado en la espada.

La respiración afligida.

El pulso desbocado.

La mente ausente.

Los pies hundidos en el fango.

Los oídos rezuman adrenalina.

Apestas a sal y a hierba mancillada.

Tu vida fluctúa entre jadeos.

Prescindes del casco.

Dejas caer el escudo.

Tu mirada se empaña.

La garganta regurgita.

El aliento contenido.

Renaces gritando

sobre las ascuas

de una victoria

caótica.

Demasiados daños

para disfrutarla.

Respiras.

Casi muerto.

Apenas vivo.

Nuevamente triunfante

ante los retos de ésta,

y la próxima vida.

 

Enero 2017.

Para Olga. Ocho años. Largos años.

 

Nunca quise rendirme.

Lunes, enero 2, 2017 Permalink 0

 

Nunca quise rendirme.

 

Nunca me he graduado en esta vida.

Fui un niño nacido del miedo,

y tuve miedo.

Confié en que todo saldría bien.

Salí a la calle movido por la curiosidad.

Envuelto en mil ilusiones.

No todo era ciencia.

Ni todo lo que hacemos

tiene correlación inmediata.

Uní voluntades mediante consenso,

y me alejé del engaño.

Aprendí a amar lo que hacía.

Mantuve la fe

y nunca me conformé.

Todo lo hice con la intensidad

del último aliento.

Retiré lo viejo y le di una oportunidad

para que creciera lo nuevo de forma gradual.

Viví la vida, mi vida,

con un punto de locura.

No soy nada si no soy

parte de algo mayor.

Los buenos cimientos

siempre permanecen.

No he dado las gracias

de manera suficiente.

Estudié a los grandes

e hice lo que quise.

Encontré una voz

y quien era yo.

Al fin y al cabo,

las cosas tienen una belleza

y una dignidad.

Agradecí a quien me enseñó

y a aquellos que quisieron

que les instruyera.

Mi vida fue mía.

Pero mis éxitos

fueron  indisolubles.

Lo perdí todo

y gané mucho.

Lo necesario para sobrevivir

en las noches oscuras.

Entre las fronteras en las que me crie

gesté mi libertad.

Nunca pude rendirme.

Nunca quise rendirme.

Enero 2017