Lunes, noviembre 17, 2014 Permalink 0

 

 

 

 

Un aria colisiona contra mis emociones.

La rutina es como una hiedra que corroe

de fuera a dentro sin misericordia alguna.

 

Ando algo ensimismado, angustiado y hasta desilusionado.

Muchos años sin tregua para ahora sentir que todo es humo.

Que la genética no dista mucho del asno atado a su rueda.

 

He construido castillos, y no todos en el aire.

He brindado con champan y calmado con agua.

He diseñado mundos y los he conquistado.

 

Y ahora. ¿Qué capricho es este?

Miro desde la colina contigua.

Y pienso en fuego graneado.

 

Mi creación corroe mis entrañas.

Me tiene atrapado hasta tal límite

que me mata siendo parte de mí.

 

Debo romper cadenas

Pero el tiempo que viene

juega en mi contra.

 

No avanzo.

Y no nací

para disfrutar.

 

Ya que tengo el poder de inventar

debo exprimirlo hasta la saciedad.

en este acto, que se me antoja último.

 

El epilogo de mis emociones.

Unas pestañas vueltas del revés.

Un rostro asustadizo.

Un ocaso sin policromía.

 

 

 

 

Un ave con vértigo a volar.

Un niño perdido.

Una catedral apócrifa.

Un salpicado molesto.

 

Tres caminantes a su antojo.

Dos paraguas que se persiguen.

Una exposición átona.

Un mirlo extravagante.

 

Un aula silente y hueca.

Respuestas entrecortadas.

Miradas clandestinas.

Mañanas desposeídas.