• Envueltos de libertad

    domingo, enero 13, 2013 Permalink 0

    Imagen: ¿Duermes y vuelas?



    Cuando el génisis ofrece frutos de su árbol prohibido.

    Y te encadenas al estremecimiento de sus hojas fragantes.

    Nos fugamos hacia las estrellas envueltos de libertad.

    Mirando de reojo el verdor de nuestra perentoria alianza.



    Amamos ya sin respiración, y casi sin susurros.

    Nos buscamos más con el rastro que con las manos.

    Dos piernas capaces de soportar el largo camino.

    Un corazón que dispara salvas con desesperación.



    No cavemos hoyos para la añoranza mientras vivimos.

    Ni guardemos el orden de los objetos olvidados.

    Me afano a las esquinas convexas que me dan de bruces.

    A respirar el binomio perfume-piel una última vez.








  • Aria al sol

    lunes, enero 7, 2013 Permalink 0

    Imagen: Rosa rocambolesco.



    Bajo la luz de la evidencia el sueño traza un horizonte.

    Hijo de la memoria, el corazón palpita de dos en dos.

    El tambaleo de mi fe se columpia en tus cabellos.

    Saldo tus recuerdos con un plato de esperanza.



    Apuntalo la débil llama con alcohol de noventa grados.

    Tamborileo mis dudas sobre el vacio de la inconsciencia.

    Apretaré las teclas del piano con las yemas cardadas.

    Estucaré leyendas urbanas que revolotean incólumes.



    Aria al sol.

    Que no cara al sol.

    Se recitan salmos.

    De espaldas, aun canto.



    Emociones sencillas.

    Expectativas en masa.

    Simas de arena,

    ahumadas de Enero






  • Diálogo contínuo

    domingo, enero 6, 2013 Permalink 0

    Imagen: luz de espinas.



    La piel humea simientes de noche.

    Palabras ahogadas que fueron insuficientes.

    Aromas conocidos e insomnios acaecidos.

    La luz sostendrá la dulzura del día.



    Toco tu rostro a menudo por si no puedo recordarlo.

    Recito oraciones apócrifas a tu vientre convexo.

    Conjuro soflamas predilectas entre néctar de escarcha.

    Presiento fuego y rujo por el exuberante territorio.



    Mis manos y tus manos sostienen, unidas, un diálogo antiguo.

    Trata de promesas. Universos. Auroras boreales o equinoccios.

    Y los pies, ávidos de persuasión dejan de perseguir huellas

    Para parir caminos cóncavos de futuro y sabores ciegos.










  • Hazte escuchar

    miércoles, enero 2, 2013 Permalink 0

    Imagen: pureza de sonido



    Entre una ola y otra canta tu voz.

    Hazte escuchar ante este ávido sentir.

    Sin murmullos. Tan solo detonaciones.

    Mi alma te busca de rodillas.



    De camino desde el suspiro a la eternidad.

    Bato mis alas ante el precipicio del cielo.

    En los blancos márgenes escribo tu nombre.

    Con el ardor de mis dedos, opacos de tierra.



    Me elevo y desciendo con el roce de tu aliento.

    Un animoso crujir recorre mi espalda.

    Un sentimiento ahonda entre un latido y el otro.

    Eres sueño mentado con nombre de pila.










  • Necesito tacto

    martes, enero 1, 2013 Permalink 0

    Imagen: Erizado de azul y verdor.



    Se abisma el destino entre la arena que cobijó sus raíces.

    Batía sus alas entre metáfora de la ternura anidada en su sien.

    Guardaba perspectivas de pan de azúcar cerca de sus labios.



    Mece la noche los sueños con suavidad meridiana.

    Abanica hilos de luz que aun centellean, pero no calientan.



    Unos redimidos por el agua

    Otros, acaso por la tierra.

    Toda la vida fue mía y ahora,

    titubea en la lejanía.



    Busco caracolas con música parecida a tus promesas.

    Pero solo son parecidas. Inciertas de dulzura.

    Hoy no necesito verdad.

    Necesito tacto.



    Dormir bajo las estrellas.

    Rebotar entre planetas.

    Dormir.






  • Alocada fantasía

    lunes, diciembre 31, 2012 Permalink 0

    » title=»» id=link_0>Imagen: Diciembre en mi jardín



    ….





    Si confías tan solo en tus sentidos te perderás la esencia de la vida.

    La carga que llevamos cambia nuestra mirada por pesadas piedras.

    Nuestra espalda se inclina demasiadas veces ante un infecundo plato de lentejas.

    Bajo una arruga se construye el difícil tránsito de un cuerpo insumiso que bebe hasta la nada.

    Trata de contactar las formas vacías y entrégate a la creación, no te quedes a vivir en los jardines de invierno.

    El viento es un dragón que rompe la línea de la calma, aparentemente liviana.

    Sigue el largo surco que la balanza del bien y el mal traza a lo largo de tu vida.

    Y mientras, búscame donde el aire crece.

    En la frontera de tus pestañas.

    Cien párpados aletean en tu nombre, olvidados de hablar.

    Fijado al cielo con la alocada fantasía del principio de las cosas.

    Lejos de tus ojos es más fácil soportar la soledad.






  • Cuanto más morimos, mejor amamos

    domingo, diciembre 30, 2012 Permalink 0

    Imagen: propia



    A veces pienso

    que un poeta es

    un general sin batalla.

    Una ojiva sin metralla.

    Un cuco enmudecido

    por el extravío

    de su cuerda.



    Solo a veces.



    Hasta que las rimas se retan.

    Sobre el precipicio de las palabras.

    En el océano de los sonetos.

    O en las mismísimas puertas

    del averno, vomitando versos.



    Como lava fundente.

    Metáforas ahuecadas.

    Envueltos en manta encinta.

    Gotas que saltan de una mirada a otra.



    Pecamos por omisión de banalidad.

    O gritamos palabras que se derriten mansas.

    Adornamos el silencio entre griterío de color.

    Damos aroma familiar a los rincones.



    Apuramos la copa del recuerdo.

    Lavamos nuestras manos en agua de canalón.

    Esperando que todo cambie.

    Y nada cambia.



    Rompemos cantos

    Adornamos profecías.

    Abrimos puertas de luz.

    Y hacia la luz, combatimos sombras.



    Callamos cuando llueve,

    por su inmensa grandeza.

    Torrentes de triple silencio.

    Cuanto más morimos,

    mejor amamos.






  • Me sobra fe

    miércoles, diciembre 26, 2012 Permalink 1

    Te haré una confidencia:

    Las largas noches que en mis brazos culminan con una sonrisa solitaria.
    No hay sonidos. Ni sábanas con vida propia. Una tenue respiración.
    Me sobra fe. Y me falta aire.
    Retorno eterno. Compartimos aliento.
    He aprendido a decir infinito sin apenas ruborizarme.
    He construido un mundo en el que la única llave la llevas colgada al cuello.
    Solo me quedan cuatro antiguos pétalos de tu flor preferida.
    Una manta doblada a los pies de la cama que acaricia mis pies.

    Un aroma perverso que aparece en un rincón, siempre a traición.
    Un puñado de calendarios con los días, meses y años, visiblemente vencidos.
    El tiempo se puede inmovilizar y el dorado otoño se compone de ausencia.
    Hay una chispa de distancia entre tu boca y a mía.
    Épica en el viento cuando mece la copa del árbol.
    Cuando lo hace tu sonrisa, no consigo consuelo.

    Aun cuando el alma zozobre, mi último aliento burbujeará abrazado a tu cuerpo.
    Me ronda un “te quiero” enmohecido tejiendo cadenas de acero.
    Momentos inolvidables perennes sobre el viento.
    Unos labios cuarteados que nunca pronuncian adiós.
    Te quiero cerca y algo más. Delicadamente incrustada. Como recuerdo que apenas envejece.
    Te quiero apuntalando las ruinas de mis errores más apoteósicos.


    Mañana, cuando amanezca, recordaremos momentos y volverás a ser mía.
    Tu piel chispeará como la primera vez.
    Estirar el tacto de la yema de los dedos.
    Un encaje que cubre tu cara y resalta tus trazos.
    Un traje rojo bermellón doblado sobre la silla.
    Una devoción que se multiplica.

    No se vivir solo de aire.
    Necesito algo palpable.
    Un tacto irrepetible.
    Un escalofrío a traición.

    Tengo tan desgastado el recuerdo
    que hasta las motas de polvo
    se ríen mientras se escurren
    revoltosas sobre mi piel.

    Ha llegado un momento
    en el que soy capaz de imaginar
    cada línea de tu cuerpo
    sin tan siquiera haberte mirado.

    Escucho el crepitar de tu piel, aun tenue como el aire.
    Siento el tacto de tus palabras cuando surcan mi cuerpo.
    Así tu presencia este oculta, el deseo reproduce su propia luz.
    No necesito razones para surcar el mundo en un barco de papel.


    Tu mirada perpleja por la intensidad del deseo.
    Mis pupilas cerradas cual felino que fija su presa.

    Una noche mágica.
    Un dulce calor
    emana del frío
    rompiendo costuras.

    Solo me siento a gusto cerca de la llama que dibuja tu cuerpo.
    Cuando los puntos cardinales comienzan en ti y terminan en mí.

    Cuando sonríes sin control porque un ángel custodia tu vida.

    Cuando los colores no son estáticos sino que fluyen por la habitación.

    Cuando las constelaciones se alinean en tu lado de tu cama

    El romance entre la suave brisa de verano y el brillo lunar.
    El murmullo de la tierra anunciando inminente lluvia.
    La canción inventada en el subconsciente mientras silbas.
    Olvidarte de regresar atrapado por un reflejo de nostalgia.

    Sentirte humano en soledad.
    Viajar a mundos distantes sin moverte.
    Observar quien te acompaña, más que mirar.
    Amar y sentirte ampliamente correspondido.

    Construir escalones hacia las nubes y derribarlas de un soplido.
    Observar sonriente como el mar redondea los cantos de piedra.
    Contemplar el crepúsculo mientras las nubes se tornan aire.
    Besar tus labios para derretir la escarcha de tu corazón herido.
    Te dejo escrito en el viento un sentimiento puro.
    Un oasis al que podrás acceder en los tiempos de tormenta.

    No habrá sentimientos abstractos ni reproches sin sentido.
    El concepto de nube se centrará, únicamente, en su factor envolvente.

    Los rayos serán lejanos y las tormentas de risa.
    Todas las horas se orientaran al sol y no solo los girasoles.

    Y la nieve cuando caiga sobre tu piel se deshará con el sonido de la lluvia tras el cristal.

    Y sobre todo no existirá tiempo a tu lado.
    Ni espacio más allá del deseo de tus labios.


  • Hasta mañana

    domingo, diciembre 23, 2012 Permalink 1

    A mi amiga Olga. pronto harán cuatro años de su ida.

    Esto lo escribí al año de su fallecimiento.

    Nunca la conocí pero a ella le debo el ánimo para escribir.

    me acompaña todos los dias.





    Mañana hará un año que no compartimos más que pensamientos.
    Mañana será el aniversario de aquel momento en que el aire se heló.
    Mañana, también recordará el día en que lloré más amargamente.
    Mañana. Maldito mañana.

    Nunca supe quien eras.
    Curiosamente no me importaba.
    Eras la palabra amable.
    El detalle extremo.

    La delicadeza de lo expresado.
    La emotividad del silencio.
    La superación del castigo del ser.
    La enseñanza como herencia del saber.

    Pero sería injusto hablarte solo en pasado.
    También eres parte del desván de mis experiencias.
    Ese que tengo presente al escribir y cargo cada día.
    Ese que tú me enseñaste a abrir con una palabra de ánimo.

    Naciste lejos.
    Moriste lejos.
    Y sin embargo tu ausencia
    te ha traído muy cerca.

    Duerme.
    Envuelta en lluvia.
    Sobre blancos sueños
    y nubes engalanadas.

    Duerme.

    Hasta mañana.


  • Incendiando sombras

    miércoles, diciembre 19, 2012 Permalink 0

    Camino por la vida
    con bolsillos repletos
    de añejas canicas
    y rodillas raídas.

    Nunca cuento lo que poseo.
    Vivo y me permite un poco más.
    Tampoco soy miserable,
    y comparto hasta las ilusiones.

    No siempre he seleccionado
    la mejor compañía posible.
    Pero he tenido arrestos
    para librarme de ellos.

    A veces me sorprende
    tanta confianza.
    Tanta fuerza para reemprender.
    Pero es la esencia de mi vida.

    Adoro los camaleones.
    Su adaptabilidad.
    Su aparente frialdad
    al encarar tu presencia.

    Estoy contento.
    Vivo, sueño.
    Sonrío a diario.
    Sin gota de miedo.

    Aprendimos a soñar bajo la lluvia
    con rumbo directo hacia la nada.
    Y a regresar de puntillas
    ya bien entrada la madrugada.

    A veces me siento tan poca cosa
    que soy capaz de dormir en tu bolsillo.
    A orillas de una canción.
    y en baja voz.

    La corte cerúlea que nos aboveda
    da ganas de asirse a una cometa.
    Retozar entre nubes albinas
    y no para de sonreír.

    Ruedan gotas de rocío sobre la palma de mi mano.
    Una sensación de vergel explosivo que fecunda.
    Un tintineo en mi cabeza, semejante a la locura.
    Una oscuridad que da paso a un tocado de luna.

    Hace tiempo que no miro atrás.
    Que cerré el camino de retorno.
    Nada me ata mas allá
    de donde quiero ir.

    He llagado a mi orilla.
    Es tiempo de descubrir
    nuevos mundos.
    Olimpos del corazón.

    Partí de mi patria chica
    cuando comprendí
    que soy estandarte
    de tan solo una columna.
    Los colores de la noche crepitan
    de manera casi imperceptible.

    Los valles sagrados emanan
    pálpitos de intensidad insólita.

    La armonía de este complejo de estrellas
    que llamamos habitualmente vida,
    se arremolina en constelaciones
    de coloración concéntrica.

    Nada es palpable.
    Pero tampoco efímero.
    Aunque si,
    oscilante.

    No poseo.
    Comparto.
    No pienso.
    Disfruto.

    Rosas, orgullosamente solitarias,
    sobre arcaica maceta roja.
    Llenaste de cielo invernal
    la sombra de la hoja del limonero.

    Atrás dejaste la puerta abierta
    con la casa llena de tierra húmeda
    que tatuaba tu impronunciable nombre
    sobre el vaho de los espejos del baño.

    No hay soledad
    en el agua de mar
    ni armarios vacíos
    para sueños olvidados.

    Allí donde se posa
    la huella táctil del deseo.
    Perpetúa un tatuaje
    incrustado a fuego.

    Me dejo en tus manos.
    Una vez encontrada,
    ¡Guíame!
    Aviva este último rescoldo.

    Elige trozos de piel
    aún inexplorados.
    Deja sobre ellos indeleble
    el aroma del roce de tu cuerpo.

    No me pidas nada a cambio.
    Disfrútame como soy.
    Sin ambigüedades.
    Sin condición.


    Soy incondicional, a cambio
    que te sientas libre.
    Si estoy contigo
    es porque no quiero otra opción.

    No hay papel que soporte
    la intensidad de mis palabras.
    Cuando mis labios te buscan.
    O crepita tu piel.

    No necesito miedos
    para cobijarme en ti.
    Solo un leve pensamiento
    y un reflejo fiel.

    Me encanta
    como te infiltras suave
    y parsimoniosamente
    entre mi piel.
    Me erizas
    tan solo
    pensándome.

    Tu mirada.

    Tu gesto.

    Tu intensidad.

    Confluyes
    sobre mi .
    y me haces estallar
    en mil pedazos.

    Que intensidad.
    Y ganas.
    De calmar las palabras
    que envenenan tu boca.

    Un beso largo
    que silencie tu corazón.
    Herido desde siempre.
    Prisionero desde ahora.


    Que ilusión me hace
    calmar tu piel con la mía
    Desgranar versos
    sobre tu vientre.



    Mientras tanto,
    mis manos recorren
    enloquecidas sortijas
    que heredaste como Eva.

    Que desperdicio la distancia.
    La saliva perdida lejos de tu cuerpo.
    La nostalgia huérfana de almohada.
    El ronroneo de tu respiración al costado.

    Que ilusión.
    Soñar que me sueñas.
    Que me tocas.
    Que me entrego.

    Que te entregas.
    Te sueño delicada.
    Sembrada de corcheas
    Y caderas cimbreantes
    preñadas de palabra.

    Te observo dormida.
    Abrazada a la almohada.
    Dominando la vida.
    Ensoñaciones creadas.

    Dos cuerpos a lo largo
    de nuestra cálida cama.
    Unidos por un momento.
    ávido de miel eterna.

    Cogí tu mano.
    Y te invite a bailar.

    No hiciste comentario alguno.

    Rodeaste mi cuello con tus brazos.
    Pegaste tu cuerpo al mío.
    Depositaste tus blandos labios
    en la base de mi cuello.

    Mis manos,
    como en la vieja canción,
    rodeaban tu cintura
    de camino a todos lados.

    No duró más de un minuto,
    y cinco vueltas concéntricas.
    Suficiente para entender
    la atracción del sol y la tierra.

    Gracias.
    Por gravitar en mí orbita
    mientras aprovecho
    y me instalo en la tuya.

    No hay secreto en las relaciones.
    Entregas.
    Aceptas.
    Recibes.

    Tampoco lo hay en los momentos.
    Amas.
    Sonríes.
    Lloras.

    Ni tan si quiera en los espacios.
    El tuyo.
    El mío.
    El nuestro.

    Al final somos uno cuando coincidimos.
    Luego vuelas a tu nido y sigues viviendo.
    Y mientras tanto trato de llenar el cielo
    de serpentinas incipientes de color.

    Nno somos seres creados hoy.
    Ni lo suficientemente llenos de futuro.
    Ni vacios de contenido.

    Hoy la electricidad del deseo rompe la noche.
    Mañana la libertad resistirá a flor de piel.

    Me ilumina admirarte.
    Pensando como robar
    un beso que se escapa
    entre risas y sorpresa.

    Soy capaz de escuchar castaños oscilando bajo la bruma.
    Sentimientos ondeando sobre la espuma de las olas.
    Nubes que se balancean entre rosa y esmeralda.
    Perlas nacaradas cuya pátina no envidia al mismo cielo.

    Es un prodigio.
    Un lujo exclusivo.
    Materializar estos sueños
    sobre la seda de tu piel.

    Un reino sin estandarte.
    Sin fronteras o limitaciones.
    Más allá de una mirada franca
    y una desmedida ternura.

    Siento la lucidez del alba.
    La mansa calidez
    del sol de invierno.


    Transitemos sendas paralelas,
    equidistantes de dos corazones.
    Que se llaman separados en el tiempo
    y confluyen en las orillas del viento.
    Envuelto en esta sinfonía

    de percepciones ínfimas.
    Casi imperceptibles
    más allá de un instante.

    Envuelto en ese mundo mágico
    donde eres el centro del universo.
    Sensaciones entroncadas
    en tierra de franca promesa.

    Renuncio a mi patria
    para reinar en la tuya.
    Compartir un horizonte.
    Una mañana en ciernes.
    Azul –casi gris- en el cielo,
    dorado intenso el pensamiento,
    labios grana, dulces y perfilados,
    Manos de dócil marfil.

    Un paisaje de otoño
    cruza tu frente,
    mientras el níveo cabello
    remarca tu distinción.

    Declina el sol su intensidad,
    el aroma fresco de la hierba
    va contagiando el ocaso
    de una serena penumbra.

    Haré de la añoranza
    ovillos de patria chica,
    declaro conquistada tu alma
    y la mía, condenada.

    No hay premio sin riego.
    Ni ilusiones anudadas a un globo.
    Hay nubes de quita y pon.
    Rayos de sol que incendian sombras.