Arabescos
No admiro las cosas que nunca se rompen.
Admiro las que, después de romperse, descubren una forma distinta de seguir siendo ellas mismas.
Quizá por eso nunca he entendido la vida como una línea recta.
Las líneas rectas pertenecen a los planos.
La vida dibuja arabescos.
Se curva.
Retrocede.
Titubea.
Desaparece durante un instante para volver a surgir unos metros más adelante, como si hubiera encontrado un camino secreto que nadie había visto.
No es debilidad.
Es inteligencia.
Imagina una gota de agua cayendo sobre la lava.
Todo parece decidido.
La lógica dice que no tiene ninguna posibilidad.
Y, sin embargo, durante un instante casi invisible, ocurre algo extraordinario.
La gota no negocia con la lava.
No le pide permiso.
No intenta derrotarla.
Hace lo único que sabe hacer.
Sigue siendo agua.
Salta.
Se fragmenta.
Se convierte en vapor.
Busca otra forma.
Otro espacio.
Otro instante.
Porque la vida nunca discute con lo imposible.
Simplemente encuentra otro camino.
Con los años he dejado de admirar la fuerza.
La fuerza termina agotándose.
Prefiero la fidelidad.
La fidelidad a aquello que eres cuando nadie te mira.
La fidelidad a esa voz que sigue diciendo “todavía” cuando todo parece responder “ya no”.
Hay derrotas que solo lo son porque dejamos de buscar el siguiente arabesco.
Crear nunca consistió en inventar.
Consistió en quitarme una venda.
En descubrir que las cosas no son únicamente lo que muestran.
Que debajo de cada apariencia hay un latido esperando a ser escuchado.
Que la realidad nunca termina donde alcanzan los ojos.
Empieza donde la mirada decide quedarse un segundo más.
No quiero vivir evitando la lava.
Sería una existencia demasiado pequeña.
Quiero atravesarla sin olvidar que sigo siendo agua.
Quiero aceptar que habrá días en los que apenas seré una gota suspendida en el aire.
Y otros en los que volveré a convertirme en río.
Pero nunca permitir que la temperatura del mundo decida la temperatura de mi alma.
Hay quien llama supervivencia a todo esto.
Yo no.
La supervivencia espera.
La vida crea.
La supervivencia resiste.
La vida imagina.
La supervivencia soporta.
La vida dibuja arabescos.
Si alguna vez sientes que todo alrededor se ha convertido en lava, no busques primero la salida.
Busca aquello de ti que todavía sigue siendo agua.
Porque mientras exista una sola gota dispuesta a encontrar un camino…
Nada estará definitivamente perdido.
Y quizá descubras entonces que la vida nunca fue la opción más fácil.
Pero sí la última.
Y, tal vez, la única.
