Moteamos rojas esperanzas para aprender a volar.
Una nube donde anclar raíces y volver a respirar.
La anarquía de un proyecto que respira intensidad.
Una ola que te lleva en volandas contra tu voluntad.
Moteamos rojas esperanzas para aprender a volar.
Una nube donde anclar raíces y volver a respirar.
La anarquía de un proyecto que respira intensidad.
Una ola que te lleva en volandas contra tu voluntad.
Nos estremecemos.
Y sin embargo,
seguimos náufragos
en medio de la nada.
Esperamos sin vida
a que las rosas
se marchiten.
Unas veces vuelas.
Otras planeas.
Otras, ni tan siquiera te mueves.
Esto del amor es extraño.
A poco que te dejes llevar confundes
lo que es amar con la necesidad
que tenemos de enamorarnos.
El viejo anhelo piadoso de sentirse
querido por encima de todo.
Una falacia en toda regla,
que nos procura giros concéntricas.
Si me acerco, te elevas.
Si me alejo, amerizas a medio metro.
Me gustaría ponerme en tus manos
Para que recuerdes cada encuentro.
Aun cuando tu cama sientas vacía.
O sientas que la prudencia te vence.
Necesito creer que eres posible.
Recoger todo lo que entregues,
a condición de hacerlo libre.
Algún día se apagarán
las luces de la ciudad.
Aun tengo que decidir,
si prefiero que amanezca,
o sigo enredado, perenne,
a la sombra de un recuerdo.
Tengo dos almas desmontables y cabalmente asimétricas.
Perfiladas, una, por una melancolía de preñada nostalgia.
Otra con la propensión a la exaltación más grande soñada.
O a los detalles imperceptibles que sientes bajo la piel.
Desmantelamos por encargo cada miedo heredado a traición.
Labramos fragmentos ineludibles que reverdecen bajo los dos.
Curiosidades estrafalarias que apasionan una risa convulsa.
La esencial inmortalidad de unos labios de tacto maravilloso.
Vértigo concentrado sobre el lunar que marca la entrada.
Movimientos de un cuerpo a la vanguardia de un alma errante.
La semántica optimista que da sentido a cada tarde de invierno.
Todo fluye.
Un encuentro perfecto sin que falte el aliento.
Enuncio la levedad de la magia en cada rincón.
Un frágil abrigo que rodeo entre mis brazos.
El emocionante preludio antes de la perfección.
¿Sabes?
Entiendo cuando te desconciertas.
por mi emoción al hablar,
simplemente contigo.
Pero es vibrante esperar
la siguiente palabra.
Escucharte mientras te veo
más allá de cómo te muestras.
Mucho más que la suma
de lo que te rodea.
Un amasijo de piel y sentimiento
que me gusta ovillar lentamente.
A veces añoro besarte.
Que me dejes sin aire.
La dulce espera.
Mi alma surcó los mares,
la sangre ungió mi cuerpo.
Cuéntame tu vida
desde el ayer al mañana.
Desde el primer café
al último parpadeo.
Triunfa la singularidad
sobre el relato de invierno.
La locura me invade
y la palabra se acerca.
Me fascina la fantasía
que dedicas a lo nuestro.
Al fin y al cabo,
tu espalda es mi lienzo
Y tu escalofrío mi sueño.
Me das una vida
que pensé
que tan solo
sería imposible.
Hoy vivo
con los ojos
entreabiertos,
imaginando.
(Te.)
La resistencia se reivindica
con acordes de guitarra.
La redención se presenta
incombustible y arrogante.
Los tótem señalan un pasado
que se antoja cercano.
Charcos que parpadean
bajo llanto derramado.
Estandartes que ondean
con desarraigo infinito.
Relatos insoslayables
sobre la temida nostalgia.
Ojalá.
¡Que nunca amanezca
lejos de tu boca!
Ojalá.