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Cansado de sujetar la esperanza
Mengua la vida con este último beso de la motivación.
La bendición “post-mortem” de esta extraña filosofía
que me empuja a no dejar de moverme y huir despavorido
de movimientos concéntricos que no llevan a ninguna parte.
Me has dejado volar y me has matado.
Aprendí a sobrevivir de refugio en refugio
y hoy baten mis alas cansadas bajo el manto
que la noche regala a todos los perdedores.
La eterna lucha entre lo seguro y lo perfecto
lo ha ganado, esta fría noche, la mediocridad.
No sé si volar bajo las nubes que amenazan lluvia,
o planear a merced del viento y dejarle hacer.
A medida que atesoro
se pierde el valor auténtico
entre los dedos cansados
de sujetar la esperanza.
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Historias terrenales
Adoro tus historias terrenales.
Los restos de surcar el tiempo.
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florecer allí donde amas
Hay pesadillas que son lo primero que piensas al levantarte.
Hasta que un día son lo segundo, y entonces amiga mía,
volverás a disfrutar de tu mañanas como aquel primer día.
Al fin y al cabo siempre debes florecer allí donde amas.
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Realidad consentida
Huyo del mal cobijado en la cordura de tus brazos,
mientras me atrevo a querer grabándote a fuego.
Un tesoro de leyenda tallado en un beso sin tregua.
Vivir como contrapunto a la tenue exuberancia
de una vitalidad impropia, sin normas y bohemia.
Te espero, cada día como lluvia en mi ventana.
Un acorde musitado en esta realidad consentida.
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Matices
Aquí trabajo.
En la exquisita frontera entre esperanza y conciencia.
Esculpimos una leyenda desfigurada desde su inicio.
Matices que se perciben pero nunca se muestran.
Un viaje sin manos vacías.
Un catálogo universal de idas y venidas emocionales.
De realidades difusas y encomiendas cesadas.
Al final de estos dias soy secuela y secuencia
de unas vertebras arqueadas de tanto buscarte.
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Tan solo puedo admirarte
Infértil,
como arena de playa,
solo me queda
admirarte.
Aunque sabes,
cabalmente,
que lo que deseo
es infundirte vida.
infundirnos vida.
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Hambriento de ti
Regreso a la desobediencia sobre los escombros de lo que fui.
Soy definitivamente la mirada extraviada que nunca quise ser.
Arraigado sobre una cometa al viento caprichoso del deseo.
La conciencia de un pasado que habla futuro mientras duerme.
Seguramente los escombros humeantes sobre los que vivo,
son los rescoldos cimentados y profundos de quien volveré a ser.
Mientras tanto volveré a la disciplina de mi desierto emocional,
en que se ha convertido ese viaje lúdico sobre la piel de tu cuerpo.
Hambriento de ti me sacio de recuerdos y aromas sueltos de locura.
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Ahogado entre ilusiones
Cada vez que fracaso
me siento más viejo.
Vivo ahogado
entre ilusiones.
Bien pensado,
¿Vivo o muero?
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Era joven, es tarde.
¡Era joven!
En algún recodo del camino derramé la sal de la vida.
La mire con cierto desprecio y me zambullí en la abundancia.
La fiesta fue indescriptible. Vibrante. Canibalismo emocional.
Todo nacía y moría en la dirección caprichosa del viento.
¡Era joven!
En alguna orilla desembarqué con yelmo conquistador.
Hinqué la rodilla en la arena y aspire el mar y su sal.
Aprendí a añorar. Comencé a menguar.
Como también blandía espada, la hendí en cien costados.
Sentía que la fuerza era más poderosa que la propia vida.
¡Era joven!
Mirada corta, respuesta ligera.
No poseía matices. Tan solo colores intensos.
Sentimientos fugaces hasta la indiferencia.
Aprendí, también, que las heridas tardan en curar.
incluso alguna te recuerda la falacia de la inmortalidad.
¡Era joven!
¡Aun era joven!
Hoy lo tengo todo y quiero más.
Coqueteo con la ética y me esquiva.
Me armo de experiencia y tenso piel.
Cosecho saciedad.
Un reloj atrasado me indica las horas perdidas.
Mi mayor lealtad se llama soledad.
Y el mejor aliento sonaba a eco.
¡Era tarde!
Es tarde.
No sé hacer nada más,
salvo esperar y sentarme.
Y para eso,
¡Lo siento tanto!
Ya es tarde.
