Besarte
es perder la inmortalidad
de golpe,
y sonreír.
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Al otro lado de mi esperanza
Tan solo dos besos abrieron una barrera, antaño inexpugnable,
bajo la que se oprimían mil desencantos y alguna vicisitud.
Mis manos encalladas despertaron sobre tu piel un aliento
que permanecía, igualmente deambulantes bajo sábanas frías
No hablamos mucho. Al menos no recuerdo grandes temas.
Un lento y titubeante paseo desde la puerta al dormitorio.
Una mano que se atrasa voluntariamente y roza mi cuerpo.
El detonante de un deseo comprimido necesitado de ser amado.
Multiplicamos los labios por cien y las caricias por mil.
No recuerdo como cayeron al suelo el envoltorio de nuestros cuerpos.
Peros i recuerdo la batalla. Y el sabor salado de una lágrima feliz.
Dos cuerpos extremadamente curtidos reverdeciendo juventud.
Una entrega sin condiciones. Un “te necesito” a cabio de” eres mía.”
Curvas, humedad, aire, sabor intenso, palabras entrecruzadas.
Unos minutos frente al espejo, mientras recomponías el maquillaje.
Yo inspiraba una y otra vez buscando el aliento que hábilmente robaste.
Una mirada cómplice y una sonrisa complaciente fueron suficientes.
Te besé. Me respondiste. Y aun sigues al otro lado de mi esperanza.
Lo llamaremos felicidad. O como quieras reservarlo hasta la próxima vez.
Mientras tanto ocupa mi pensamiento, y enrédate entre recuerdos y piel.
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El señor de este mundo
Me siento el señor de este mundo.
Un loco en el andén del arcano,
donde la noche asciende y mengua
entre la muerte y miedo.
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Podrás contar con mi fe
Llevo el silencio en guardia.
Mis palabras pintan escenas
y mis ojos crean leyendas.
Suceden milagros en cada escena.
En el insuficiente espacio
en que mi reflexión surca tu piel.
La libertad en liquidación
partidaria de un gran pecado.
Un ingenio sin apenas trillar
que maldice tu perfección.
Tengo prisa por un mundo infinito
y el desacato complaciente del cuerpo.
Siempre podrás contar con mi fe
cuando tu alma la necesite.
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Cada dia
Cada día doy
cuerda a mi fracaso,
mientras imploro que
me remates a las puertas
de este infierno.
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A veces dudo
Borro todo lo que escribo,
pero me quedo con todo lo que percibo.
Al fin y al cabo uno proyecta
la imagen de lo que realmente es.
De esta manera tan solo aprendí
a sentir hacia dentro y proyectar
una luz mágica en las distancias cortas.
A veces dudo,
tiento al destino y me dejo llevar.
Descubro una capacidad de seducir.
de aceptación y reconocimiento
intactas desde el comienzo de los tiempos.
Entonces agarro con fuerza mi mochila.
La acomodo sobre mi hombro izquierdo
comienzo a caminar hacia la luz del sol.
Y ya no me hace falta huir de la oscuridad -
Conocimiento
El conocimiento es único. Su aplicación infinita.
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El sueño eterno
Recuerdo el temor a ser abandonado.
Recitando taciturnas noches en vela.
El orgullo perturbó la razón del alma.
Bailo en silencio por la habitación
con la espesa tristeza que nos arrastra.
Era morena.
De pelo suelto,
y curvas prominentes.
Piel curtida.
Su mirada era libre,
y sus manos inquietas.
El alma vibrante.
Aroma de playa en que
me dejabas tirado
sobre la cama,
y abierto en canal.
La primera vez.
El último aliento.
El silencio del miedo.
La magia inocente.
La frustración presente.
La perfección del momento.
El sueño eterno.
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A la deriva de su propia sombra
El tren de la última noche exigía abrir los ojos de par en par.
Persigues un diamante tras una ventana pintada de verde y azul.
Un diario secreto de raptos y secretos dictado por los dioses.
Tres semanas en el desierto del silencio de una muchacha gris.
La desolación de vencedores y vencidos separados por su sangre.
Un rastro desaparecido en el abismo de un desaliento inolvidable.
Impredecible hechicera fanática de cruel maestría.
Precursora de una estirpe de azar convencional.
Estoicismo de dos décadas con el socorro denegado.
Un complejo mundo a la deriva de su propia sombra.
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El sol ha detenido su marcha
Los pétalos se desploman en medio de la ventisca.
Una sombra caliza mora en la espalda de una canción.
La niebla azuleaba el perfil de la buganvilla en el jardín.
He mutado de no existir, al Olimpo de los enemigos.
Cada palmo de aire vive recalentado de tanto jadear.
Me escabullo entre escalofríos apócrifos de nostalgia.
El cielo oscurece aunque el sol ha detenido su marcha.
Vegeto en el fondo de un vaso largo recubierto de piel.
Mis huesos se esparcen como limaduras de sal marina.
Una ilusión herida que se espanta a galope tendido.
Crónica de almas en vilo que huyen de guerras perdidas.
Cien circunloquios para que todo siga, igual que siempre.
