Hace tiempo que entro en tus sueños en silencio.
O tal vez sean únicamente los míos.
Tu cuerpo inerte. Suspendido en el aire.
Sin aroma aparente.
Tras aquellos momentos. Nuestros momentos.
Aire limpio. Suerte adversa.
Pasados inmaduros
Y también algún toque de mala suerte.
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Más allá de nuestro universo
En el jardín se arremolinan solas
las sedientas hojas del viejo jazmín.
Una orquesta para un solo espectador
que no percibe el fondo de la sintonía.
Las junto en una esquina apartada
y las purifico con fuego de mi encendedor.
Arabescos y risas nadan junto al humo
capitulando interminables letanías.
Hoy la tarde es caprichosa,
y el atrezo en blanco y negro.
El infinito se hace fuerte
más allá de nuestro universo.
Espero que mis errores se oxiden
y sobre un manto de hierba pajiza
surja el impulso de un brote
que puntee el sendero del mañana.
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entre ocaso y amancer
No sabemos divertirnos.
Hemos olvidado lo importante que es
saciar nuestro deseo bebiendo
hasta el fondo del vaso de la risa.
¿Para qué el aliento?
¿Para qué detenernos a intervalos?
¿Tenemos miedo del goce de los sentidos?
¡Reimos con la avaricia del codicioso!
Porque somos nube emigrante que,
dudando entre ocaso y amanecer
termina siendo lluvia que se diluye
anónima entre agua de mar.
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Momentos estelares
La vida tiene momentos estelares.
Uno de ellos tiene que ver
con los movimientos arriesgados
para los que no dispones de ases guardados.
No son muchos. Pero siempre intensos.
La mirada brilla y tus manos se tensan.
La adrenalina suple la sangre.
Y esperas impasible al momento culminante.
No existe antes ni después.
Solo el momento.
Tú y el trofeo.
El trofeo y tú.
Conseguir lo soñado.
Lo milimetrado.
Lo deseado.
El mito sometido.
Luego sonríes.
Te centras.
Miras a tu alrededor.
Ubicas donde estás.
Eliges el reto siguiente.
Recuperas la humildad
que te regala cada comienzo.
Y vas a por él.
Sinuoso.
Silente.
Taimado.
Certero.
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si te alejas un instante
Me desconciertas.
Te percibo mía.
y sin embargo
no te siento.
Buscando
una solución
me encontré
con la perfección.
Ahora no consigo
que mi corazón
deje de desbocarse
si te alejas un instante.
Te abrazo
y no disfruto
por temor
a perderte.
Así y todo,
prefiero la incertidumbre
que renunciar a esta ilusión
que mis venas acoge.
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Pasa la tarde despacio
Pasa la tarde despacio.
Tímidamente, te sientas en mis rodillas
Rodeas tus largos brazos por mi cuello.
Y reposas tu cabeza sobre mi hombro.
Beso tu frente, relajada y risueña.
Mis manos. Una se apoya en tu cintura.
La otra, celosa, juguetea con tus rizos
mientras te enroscas a mi regazo.
Recorro tu cuerpo con la mirada libre.
Tu ropa interior sobresale lo justo.
Tu piel, erizada y cálida. Casi irreverente.
Tu respiración continua pero pausada.
¡Lo que sería capaz de dar
por inmortalizar ese instante
no se encuentra en el universo
ni de ser humano al alcance!
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Su ternura en el tejado
Cogidas de la mano,
tristeza y alegría
vienen a hospedarse
en casa de la locura.
Se arriman las añoranzas
al brocado de la almohada.
Amanecen columpiando
su ternura en el tejado.
A intervalos la presencia
hace ociosa la impaciencia.
Emana de mis sabanas la fragancia
de una noche blanca inusitada.
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Los últimos rescoldos
La gente pasa.
Tú estás de rodillas.
Y la gente pasa
absorta en su ego.
Las rosas vertidas
sobre la mesa de noche.
Los sueños incrustados
entre el techo y el suelo.
En silencio recoges
los últimos rescoldos.
Queman tus dedos
evaporando el pasado.
Por arte de magia negra
el brillo entusiasta de tus ojos
se convierte, de la noche a la mañana,
en gotas con regusto salado.
La gente pasa.
Tus rodillas sangran.
Y la gente pasa.
La gente pasa…
Hoy cambiaria.
Todo el ajuar atesorado
porque alguien acune
mis miedos con una nana.
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Lamansa cadencia de tus pestañas
Los días se convierten en años.
Cada momento en rencuentro.
Sin pasado. Con cargas irrelevantes.
Sin excusas como puerta de escape.
Vivir el futuro, derramando el presente.
Vivir del aire fresco de mañana.
Ese, que siempre llega tarde,
y generalmente tergiversado.
Contemos casualidades
de diez en diez.
Para convertirlas en rutina
con incrustaciones explosivas.
Apaga la luz.
Deja que vele despierto
la mansa cadencia de tus pestañas
aleteando hasta iluminar el olimpo.
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Sobre el ascua de tu sueño
Te observo vulnerable.
Esa costumbre fugaz
con que parpadeas sumisa
después de un cálido abrazo.
El rastro infalible de tu voz.
Cuando te has marchado,
y un perfume seductor
intensifica mis sentidos.
Me encanta pecar
sobre el ascua de tu sueño.
Postrarme rendido
en el vientre que me ampara.
No existe casualidad
en las caricias compartidas.
Ni en la cadena invisible
que me retiene en tu cama.
