Uno
es la esencia de dos.
Matemática emocional
difícilmente explicable
a quien no sabe mirar
a través de los demás.
Cuando ambos se yerguen
como individuo y al tiempo
se funden en un camino
la unidad cobra sentido.
Elijo lo complementario
que me da lo que me falta
antes que andar solo
como errante suplementario
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caramelos de fresa
Tras las cartas marcadas,
que reparte la vida,
se esconde la jugada
que te devuelve a la salida.
Vas arrollando momentos.
Coleccionando trofeos.
Hasta que observas a tu alrededor
Almas sesgadas por fracasos errantes.
Te cuestionas si tienes derecho
a ser privilegiado en tus apuestas.
Recuerdas que alguna jugada
puede salir en contra de tus deseos.
Por un momento dudas.
Una nube de frío se apodera
de la arritmia del corazón.
Y sientes miedo de volver atrás.
Sabes que tienes que seguir.
Ayudas en lo que puedes.
Pero sigues caminando
a costa de alejarte otro poco.
Nadie me advirtió
que tendría que cambiar
caramelos de fresa
por falsas promesas.
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Tu presencia a mi lado
Tiemblo.
Siento frío.
No te encuentro.
Faltas.
Los pliegues de mis sábanas,
más que acariciar, se incrustan.
La almohada no envuelve.
soporta sueños vacíos.
Mi espalda quiebra y arquea.
Las manos soportan párpados
con sal cristalizada
que niega clemencia al dolor.
Un sonido a los lejos.
Unos pasos titubeantes.
Una sabana que cubre.
Una sonrisa que calma.
Si sueño,
necesito sentir la confirmación
de tu presencia a mi lado
cada mañana.
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Una utopía en forma de ilusión
Necesito un ramillete de sonrisas.
Un brillo de labios que eclipse las sombras.
Un tono vital justo que me haga saltar.
Diez noches mágicas seguidas.
Una bocanada de verano.
Una ola que me envuelva.
Un remolino de música.
Un baile improvisado.
Un tren que no marche
en círculos concéntricos.
Una vía de escape.
Una utopía en forma de ilusión.
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Elige esperanza
Si quieres decirme algo,
hazlo mirándome a los ojos.
Cerca.
Donde la distancia
no sea una excusa
lo suficientemente grande
para ser un capricho de tus deseos.
Quiero palabras francas
que no se deslicen por la piel
si no son sinceras
ni vienen para quedarse.
Si vamos a jugar
pongamos reglas.
Podremos saltarnos
a condición que podremos cambiarlas
si no es para seguir persiguiendo
aspas coloreadas de un molino de viento.
Elige esperanza.
Y no pondré condiciones.
Elige un color.
Y te entregaré un lienzo.
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Bajo el mismo techo
Cuando la vida, caprichosa,
exige redoblar esfuerzos,
recordemos que la desnudez
fue nuestro lecho común al nacer.
Sin diferencias.
Hermanos.
Con alma.
Iguales.
Que no nos diferencie
el odio o la ignorancia.
La ceguera voluntaria
ni mirar sobre el hombro.
Aprendamos a soñar
bajo el mismo techo.
Sin que nadie sobreviva
de las sobras que desechamos.
Al fin y al cabo
todos aprendimos a amar
mirándonos a la cara
bajo esta cúpula de estrellas
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En el borde de tu locura
Existen múltiples clases de melancolía:
La distancia que se agranda cada vez.
El silencio que se disipa con un eco sordo.
El roce de los labios de manera esporádica.
Consumar un sueño que se desvanece.
También hay múltiples alegrías:
El frescor de una ola imprevista que te revuelca.
Retener tu sabor en mi boca aun después de la partida.
Cerrar los ojos unos segundos más, tonteando con un recuerdo.
El aroma de fruta madura que desprende tu piel al atardecer.
Y que seria de la vida sin locuras:
Caminar cientos de kilómetros para disfrutar un instante.
Comprar un canario enjaulado y soltarlo libre en el jardín.
Dejarte perder a las damas para jugar otra vez.
Volver a llamar cada día para escuchar tu voz.
Y así me voy dando cuenta
que mi vida es alegre,
incluso con su melancolía.
Porque hace tiempo
que bailo embriagado
en el borde de tu locura.
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El albor de un tintineo
No vivo de sueños.
Pero si de su magia.
Aunque en realidad
Libo, ansioso, su eclosión.
No llena vacíos.
Ni tan siquiera los crea.
Esta historia trata
del albor de un tintineo.
Nada me interesa
sin su esencia y descripción.
Cuando quiero ver estrellas
coloreo fuegos de artificio.
¿Acaso existe
terror más insoportable,
que una fría habitación
carente de alma?
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Imbuirte
No solo oxígeno necesitas para respirar.
Necesitas las partículas que emana su cuerpo.
Tanto las aromáticas con esencia de carne.
Como las húmedas que riegan mi piel.
Si te fijas bien,
en los momentos intensos
es cuando el alma prescribe
contener la respiración.
Un parpadeo.
Un beso.
Una caricia.
Una impresión.
Por un instante,
quieres imbuirte.
Encontrar su luz.
Ser ella y tú.
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Un destino ilusionante
Partí en busca de la felicidad,
y aun me encuentro persiguiendo
el esquivo viento del norte
que inspira las cometas.
Ciego de fácil risa,
conseguí dominar
la infértil persecución
del hálito de los ilusos.
Pasa el tiempo y el espejo,
juez implacable del maquillaje,
me ha devuelto la sonrisa
mientras salpicaba en el baño.
Hoy colecciono retales.
Viejas canciones inacabadas.
Un fajo de manuscritos,
y un destino ilusionante.
