Algún día se apagarán
las luces de la ciudad.
Aun tengo que decidir,
si prefiero que amanezca,
o sigo enredado, perenne,
a la sombra de un recuerdo.
Algún día se apagarán
las luces de la ciudad.
Aun tengo que decidir,
si prefiero que amanezca,
o sigo enredado, perenne,
a la sombra de un recuerdo.
Tengo dos almas desmontables y cabalmente asimétricas.
Perfiladas, una, por una melancolía de preñada nostalgia.
Otra con la propensión a la exaltación más grande soñada.
O a los detalles imperceptibles que sientes bajo la piel.
Desmantelamos por encargo cada miedo heredado a traición.
Labramos fragmentos ineludibles que reverdecen bajo los dos.
Curiosidades estrafalarias que apasionan una risa convulsa.
La esencial inmortalidad de unos labios de tacto maravilloso.
Vértigo concentrado sobre el lunar que marca la entrada.
Movimientos de un cuerpo a la vanguardia de un alma errante.
La semántica optimista que da sentido a cada tarde de invierno.
Todo fluye.
Un encuentro perfecto sin que falte el aliento.
Enuncio la levedad de la magia en cada rincón.
Un frágil abrigo que rodeo entre mis brazos.
El emocionante preludio antes de la perfección.
¿Sabes?
Entiendo cuando te desconciertas.
por mi emoción al hablar,
simplemente contigo.
Pero es vibrante esperar
la siguiente palabra.
Escucharte mientras te veo
más allá de cómo te muestras.
Mucho más que la suma
de lo que te rodea.
Un amasijo de piel y sentimiento
que me gusta ovillar lentamente.
A veces añoro besarte.
Que me dejes sin aire.
La dulce espera.
Mi alma surcó los mares,
la sangre ungió mi cuerpo.
Cuéntame tu vida
desde el ayer al mañana.
Desde el primer café
al último parpadeo.
Triunfa la singularidad
sobre el relato de invierno.
La locura me invade
y la palabra se acerca.
Me fascina la fantasía
que dedicas a lo nuestro.
Al fin y al cabo,
tu espalda es mi lienzo
Y tu escalofrío mi sueño.
Me das una vida
que pensé
que tan solo
sería imposible.
Hoy vivo
con los ojos
entreabiertos,
imaginando.
(Te.)
La resistencia se reivindica
con acordes de guitarra.
La redención se presenta
incombustible y arrogante.
Los tótem señalan un pasado
que se antoja cercano.
Charcos que parpadean
bajo llanto derramado.
Estandartes que ondean
con desarraigo infinito.
Relatos insoslayables
sobre la temida nostalgia.
Ojalá.
¡Que nunca amanezca
lejos de tu boca!
Ojalá.
Besarte
es perder la inmortalidad
de golpe,
y sonreír.
Tan solo dos besos abrieron una barrera, antaño inexpugnable,
bajo la que se oprimían mil desencantos y alguna vicisitud.
Mis manos encalladas despertaron sobre tu piel un aliento
que permanecía, igualmente deambulantes bajo sábanas frías
No hablamos mucho. Al menos no recuerdo grandes temas.
Un lento y titubeante paseo desde la puerta al dormitorio.
Una mano que se atrasa voluntariamente y roza mi cuerpo.
El detonante de un deseo comprimido necesitado de ser amado.
Multiplicamos los labios por cien y las caricias por mil.
No recuerdo como cayeron al suelo el envoltorio de nuestros cuerpos.
Peros i recuerdo la batalla. Y el sabor salado de una lágrima feliz.
Dos cuerpos extremadamente curtidos reverdeciendo juventud.
Una entrega sin condiciones. Un “te necesito” a cabio de” eres mía.”
Curvas, humedad, aire, sabor intenso, palabras entrecruzadas.
Unos minutos frente al espejo, mientras recomponías el maquillaje.
Yo inspiraba una y otra vez buscando el aliento que hábilmente robaste.
Una mirada cómplice y una sonrisa complaciente fueron suficientes.
Te besé. Me respondiste. Y aun sigues al otro lado de mi esperanza.
Lo llamaremos felicidad. O como quieras reservarlo hasta la próxima vez.
Mientras tanto ocupa mi pensamiento, y enrédate entre recuerdos y piel.
Me siento el señor de este mundo.
Un loco en el andén del arcano,
donde la noche asciende y mengua
entre la muerte y miedo.