Imagen: Claude Corbin
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El saxo retumbaba por el denso ambiente de la habitación.
Unas cuerdas vocales, desgastadas por el exceso de alcohol,
trataba de llegar a las notas más altas, sin conseguirlo.
Mi mente seguía en su permanente lucha con el corazón.
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Añorando los indicios para tratar de ver un significado al futuro.
El viejo método de ensayo y error insistía como un martillo sobre mi sien,
a la búsqueda desesperada de un golpe de timón sobre los sueños
que me permita disfrutar bajo la fina lluvia del empuje, necesario para zarpar.
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Un hatillo de las pocas cosas verdaderas en las que aun puedo creer
para seducir a la suerte de forma imperecedera y audible.
Cualquier camino que surja desde dentro y no venga impuesto,
para poder controlar un destino que hace aguas a media noche.
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Mas que infancia, tuve vértigo
No tuve infancia.
Tuve vértigo.
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Pasa el tiempo y añoras
la osadía de la ignorancia.
Los retos que una mente
supera con algo de suerte.
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Las grandes lluvias,
traían aparejada
grandes correntías
en el fondo del barranco.
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El reto de aguantar su fuerza
sin asirte con las manos.
Desafiando su fiereza
hasta que caías de espalda.
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El revolcón entre piedras.
Barro, cartones y madera.
Y aun éramos capaces
de levantarnos con una sonrisa.
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A veces pienso
si sería quien soy
sin las ruindades con mis amigos.
Sin las esquinas mágicas de mi barrio.
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Hace unos días paseé por sus calles.
El gris ya no tenia encanto,
Ni el olor de los guisos de las madres
atraían mi nariz de ardilla hacia la cocina.
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Sigue siendo mi barrio.
Pues tengo el orgullo de ser
del lugar de donde vengo.
Pero allí, ya no vive mi infancia.
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Y es que ahora que recuerdo
tras el humo de un buen puro,
mas que infancia,
tuve vértigo.
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Elogio seductor
Domino mis impulsos
para no perder la certeza
de este billete de ida
con destino a tus labios.
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Elogio seductor.
Contraste de lo intenso.
La soflama que recibe.
el bálsamo que despide.
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No tiene cabida
una puerta trasera abierta
cuando no oteas turbulencia
o nube que precipita.
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¡Por fin aire fresco
en el mundo interior!
Liberado de armadura
y mirada exaltada.
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Imagen: Wendy de Kok.
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Como otoños tiene la vida
Voy culminando etapas,
como otoños tiene la vida.
Reinvento la seguridad
para desafiarlo todo.
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Estoy aprendiendo a consolidar
para culminar los sueños
que aprendí a absorber
de las sonrisas que me saludan.
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Toda esa fuerza,
seguridad o empuje
deben servir
para algo más.
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Explotar la veta
que siento dentro
haciéndolo estallar
en forma de grito.
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Respuestas primitivas
De lo imposible nace la leyenda.
De lo humano, lo eterno.
Respuestas primitivas
a lo que esconde un beso.
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Cien puertas que se abren de golpe.
Una descarga eléctrica de emociones.
La consolidación de la aventura de un abrazo.
La sensación de volar si despegarse un milímetro.
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Lo que vendrá.
Dos universos que eclosionan.
La distensión de unos párpados embrujados.
La necesidad de reinventar lo perfecto.
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No elijo
Vivimos rodeados de impactos.
Algunos los elegimos. Los menos.
Otros nos eligen como diana
de sus intereses y manipulaciones.
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Estos últimos no me interesan.
Pero si los que elegimos .
Esos que poco a poco vamos sacrificando
hasta que la rutina los convierte en molestos.
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Cuando escribes, alguien te lee.
Y esperas que cree algo.
Indignación, solidaridad,
Respeto, apoyo. Incluso ilusión.
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Y no te confundas,
con sentirlo dentro
ya tengo mi alma
plena y satisfecha.
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Cuando el mensaje es fresco y nuevo
lo exteriorizamos repitiéndolo.
O bien comentando tu parecer
en el mismo o distinto formato.
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Cuando la rutina se apodera de ti.
sigues leyendo, porque lo necesitas.
Pero como siempre está ahí.
te lo tragas como el café de la mañana.
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Ese que no te das cuenta
que lo acercas a tu boca
hasta que te inflama
o su amargor te despierta.
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Aquellos que escribimos,
lo hacemos para expresar.
Y quien lee, por curiosidad,
o para recordar que están vivos.
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No elijo. Si lees lo que escribo tienes ti cariño y mi agradecimiento.
Solo te pido una cosa sencilla, y no te cuesta nada.
Lee. Siente. Critica. Emociónate. Ríe. Llora o sanciona.
Pero no pases de largo en silencio. Me matas.
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Donde se templa el metal
Querida madre:
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Hoy he llorado
como me enseñaste
que nunca debería hacer.
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Siento que he llegado,
y sin embargo no hay final.
Todo es una etapa más
que tenemos que superar.
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No sé por que lo he hecho.
Soy feliz. Me va bien.
Profesional y personalmente,
y sin embargo me derrumbé.
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Duró un instante.
Una disimulada mueca,
casi imperceptible,
con epicentro dentro de mí.
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Estoy acostumbrado a pelear.
Nunca pudiste darme nada.
Y nada tengo que malgastar.
Tal vez he tomado conciencia
que no voy a liderar este mundo.
Ese que soñaba mientras armaba la revolución
entre series de la tele y cucharadas de sopor.
…
He llegado a la conclusión que no ganaré
Pero si algo valoro de tu herencia
Es que me enseñaste a no arrodillarme.
Y eso me permitirá saber que sin duda resistiré.
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Donde se enciende la fragua.
Donde se templa el metal.
Donde los corazones rezan.
Y la razón se enfrenta.
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Rosas
¿Qué anega tu vida
que no hago otra cosa
que entregarte rosas
y solo devuelves espinas? -
Compartir
A veces, te observo
y la mirada te traspasa.
como si no sientieras.
Como si volaras ausente.
…
Esos recuerdos sombríos
que en las heridas rebrotan
y por un momento
te estrujan el alma.
…
No te cierres.
Si estamos aquí
es para compartir
ilusión y calamidades.
…
No se caminar
sin acompañarte.
sin confortar tus heridas
ni que las piedras aparte.
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Muéstrame un sueño
Al final,
La vida se compone
de recuerdos imperecederos.
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Chispas emocionantes.
…
Alguna que otra cicatriz,
medianamente soportable.
…
Y un reguero de gente
más o menos avenida.
…
Muéstrame un sueño
y te entregaré una vida.
