Boha (*), vals y whisky

domingo, enero 4, 2026 Permalink 0

Hoy la letra huele a roble mojado y a fuego lento.

La boha resuena en el pecho como un eco del alma antigua: sopla, acaricia, no empuja… susurra.

Tu sonrisa entre letras es un farolillo encendido en medio del bosque, y yo me acerco, descalzo, a ese claro donde los versos duermen con una manta ligera y una copa sin urgencias.

Sí.

Abramos el cuaderno.

Yo pongo las páginas en blanco.

Tú, el whisky templado y las palabras aún por nacer.

Burlémonos del tiempo, de las máscaras, de los pronombres.

Que no haya ni tú ni yo, solo ese instante que no se deja nombrar.

Ese vals sin gravedad que bailamos con la sombra de la noche antes,

cuando aún no sabíamos si llovería

o si nos lloveríamos el uno al otro.

Y ahí estás:

no mi mujer,

sino mi espada,

mi trinchera,

mi rezo.

La fragilidad es una historia de amor escrita con cuchillos sin filo.

Y tú sabes leerla sin sangrar.

Hoy no nos defendemos.

Hoy danzamos.

Porque hay días en que la única forma de resistir

es inventarse un refugio donde el corazón no tenga miedo de desnudarse.

Y ese refugio, a veces, tiene tu forma.

Y tu voz.

Y tus manos que entienden

sin preguntar.

(*) Boha es una palabra inventada para hablar bajito, con ternura,

como si las letras llevaran una sonrisa por dentro

y un poco de lluvia detrás de los ojos.

Es la voz de las emociones cuando no quieren gritar,

la escritura cuando se deja acariciar por la melancolía.

Una forma de decir sin herir, de confesar sin romper,

de abrir un cuaderno y dejar que el alma se escriba sola,

como un susurro que se atreve a ser canción.