Humedad… calla.
Mi piel busca tu rastro
allí, en la sombra.
Tu olor me envuelve,
y sostiene la memoria
como un abrazo que no termina.
Tu silueta arde,
promesa dibujada
en mi vacío,
como fuego quieto que respira.
Rompes el tiempo.
No anuncias tu regreso,
pero yo sigo… vivo.
Violencia tierna,
boca de tempestad,
boca de remanso,
boca que quiebra el día
y lo vuelve a alzar.
No hay eternidad,
pero entregas tu cuerpo
como si todo fuera ahora,
como si solo hubiera este minuto.
Día sin nombre,
tu piel grita al instante,
fuego sin tregua,
ardor que salva, que arrasa, que sana.
Eres tormenta
que huye de los pactos,
pero salva mi mundo
con un roce, con un gesto, con un temblor.
Una canción va,
tus manos la acompañan
como destino ciego
que insiste en encontrarnos.
No pregunto más,
temo que tu silencio
sea un jamás,
un adiós que no se dice,
un eco que se rompe solo.
Prefiero el roce,
prefiero tu paso fugaz,
prefiero el riesgo
antes que la nada vacía.
En breve pálpito
mi vida se sostiene
por tu latido;
mi soledad respira,
vestida de ti,
vestida de milagro.
Lo imperfecto arde,
se acerca a lo soñado,
y yo lo bendigo…
lo bendigo en silencio.
Aunque te vayas,
aunque te pierdas,
mi soledad te viste
como un milagro.