Nunca supe odiar

lunes, agosto 11, 2025 Permalink 0

Nunca supe odiar,

y tal vez cuando me prometiste la eternidad

ya sabía que jugabas con el azar.

Por un instante me quedé sin nada,

y sin embargo,

me diste el poder de la resurrección.

Faltaba mucho por vivir

para aceptar una despedida de la vida.

Aprendí a ser feliz con los pequeños detalles efímeros,

esos que, aun siendo tan frágiles,

pueden dibujar una sonrisa.

Abrigarme en abrazos,

colgarme de tu risa

como un columpio

sobre ese ratito de más que te hace feliz.

Ser parte de ti sin invadirte,

añadiendo capas de sueños.

Aún espero que vuelvas a mirarme así:

una descarga eléctrica

en el fondo de mi pupila.

Me gusta que me veas

como un sentimiento que te complementa,

volver a sentirnos suficientes,

el uno para el otro.

Cambiarte el vestido por un pijama,

conjurar suelos con caricias,

reparar tu piel rota,

soplar sobre ella

mientras te proyectas fuera de tu cuerpo.

Y en ese instante,

como quien roza la eternidad

sin pronunciar su nombre,

volver a vivir.