Cartografía de lo intangible

miércoles, febrero 18, 2026 Permalink 0

A veces vivimos bajo el imperio de los sentidos, creyendo que todo lo impalpable no existe. Y sin embargo, lo más determinante suele ocurrir en silencio. Silenciar no es huir; es orillar el miedo para que deje de dictar sentencia. Porque el miedo habla, y habla alto, pero rara vez dice la verdad completa.

Nos sostenemos como podemos. Buscamos sustento emocional en mitad de la resistencia cotidiana. Levantamos cartografías íntimas para no perdernos, mapas invisibles que señalan dónde dolió, dónde ardió, dónde floreció algo contra todo pronóstico. Cada acontecimiento deja una marca, aunque la invisibilización espiritual de esta época nos enseñe a disimular las cicatrices bajo artificios ornamentales.

Hay estaciones del paraíso que no son lugares, sino instantes. Una epifanía polvorienta en medio de la rutina. Una certeza mínima que irrumpe cuando todo parece gris. Y comprendemos entonces que la vida no compite con la belleza: la contiene. La vida es más obscena, más contradictoria, más fatigada. La belleza es apenas su relámpago.

Vivimos tiempos de fatiga generacional. Desde la trinchera de lo absoluto defendemos verdades que mañana serán matizadas. Creemos que resistir es endurecerse, cuando a veces resistir es no perder la fertilidad de lo imaginario. Porque sin imaginación no hay cosecha. Y los ciclos de cosecha no entienden de urgencias políticas ni de sintonizaciones arbitrarias. Entienden de paciencia.

El escepticismo nos protege del engaño, pero también puede secarnos la raíz. Por eso necesitamos el anclaje de la mística. No como superstición, sino como reconocimiento de que lo intangible pervive. Que hay universos paralelos habitando en cada decisión que no tomamos. Que cada silencio guarda una bifurcación.

Mientras tanto, construimos burbujas a modo de comedia. Nos reímos para no enfrentarnos a las preguntas suspendidas que flotan sobre nuestras cabezas como lámparas sin interruptor. El rescate de lo urgente nos distrae de lo esencial. Apagamos incendios sin preguntarnos quién prendió la chispa.

Y, sin embargo, sobre las ascuas del fuego todavía hay música. Una banda sonora mínima que insiste. Que nos recuerda que no todo está perdido, que la resistencia no es solo dureza, que el miedo puede hablar pero no debe gobernar.

Tal vez el verdadero acontecimiento no sea lo que ocurre fuera, sino lo que despierta dentro. Tal vez la epifanía no necesite templo, sino polvo. Tal vez el imperio no sea de los sentidos, sino de la conciencia cuando decide no rendirse.

Y mientras el mundo gira con su fatiga, nosotros seguimos aquí.
Sembrando.
Resistiendo.
Escuchando lo que nadie ve.

Porque lo intangible, aunque no se exhiba,
pervive.