
Octubre 2010 — Donde ya no eliges entre lo que sientes y lo que eres
Hay un punto en el que dejas de intentar simplificarte. Durante mucho tiempo has tratado de ordenar lo que sientes, de clasificarlo, de entender qué parte de ti debía quedarse y cuál debía desaparecer para poder avanzar sin ruido. Pero llega un momento en el que esa estrategia deja de tener sentido.
Porque no eres una sola cosa.
Y ya no quieres serlo.
Empiezas a aceptar que dentro de ti conviven impulsos que no siempre encajan, emociones que no siempre se explican y recuerdos que no siempre encuentran su lugar. Y en lugar de combatirlos, haces algo distinto: los integras.
No desde la resignación.
Desde la conciencia.
El deseo sigue estando ahí, con la misma intensidad de siempre, pero ya no te arrastra. Lo reconoces, lo recorres, lo utilizas como lenguaje, no como necesidad. El cuerpo deja de ser solo impulso y se convierte en territorio donde sucede algo más profundo, más difícil de nombrar, pero también más verdadero.
Y en paralelo, aparece algo firme.
Una versión de ti que no necesita justificarse.
Sabes quién eres hoy, aunque no seas exactamente quien fuiste ayer. Y no te preocupa. Porque entiendes que la evolución no siempre es una ruptura, a veces es simplemente una forma distinta de habitar lo mismo.
El tiempo deja de ser una amenaza.
Se convierte en perspectiva.
Miras atrás y no necesitas idealizar nada. Hubo momentos, hubo errores, hubo aciertos… y todo eso te ha traído aquí. No como una suma perfecta, sino como una construcción real, con grietas, con matices, con zonas que aún no terminas de comprender.
Y eso está bien.
Porque ya no necesitas tener todas las respuestas.
Te basta con sostener las preguntas.
Y en medio de todo, descubres algo que antes pasaba desapercibido.
La épica no está en los grandes momentos.
Está en lo cotidiano.
En seguir adelante cuando no apetece. En sostener una duda sin huir de ella. En mantener la ilusión en un mundo que no siempre la devuelve. En elegir, una y otra vez, ser quien eres, incluso cuando sería más fácil volver atrás.
Octubre no te pide que cambies.
Te pide que te sostengas.
Con todo.
Sin recortes.
Sin excusas.
Porque por primera vez…
ya no necesitas ser menos para poder ser.
