Donde el alma no se esconde

sábado, febrero 7, 2026 Permalink 0

Hay encuentros que no suceden en el tiempo, sino en el umbral invisible entre la emoción y la memoria. Ocurren cuando el ocaso bordea la piel, cuando el cuerpo ya no lucha y el alma se atreve a salir del refugio.

Entonces, sin ruido, sin pretexto, se cruzan dos universos que saben de heridas, de espera, de misericordia. Y lo hacen sin exigirse nada, porque lo han aprendido todo: que no hay cicatriz sin abrazo, que no hay noche sin quien la mire desde dentro, que no hay destino sin quien decida quedarse en el temblor.

Tú, destello errante, me miras como si el mundo entero pudiera callar solo para escucharnos. Yo, con el eco de mis silencios, aprendo a vivir sin huir de mí mismo. Somos cara y cruz, pero no de una moneda: de una promesa. No de certidumbre, sino de presencia.

Porque hay una franja donde no existe la sombra ni la luz: solo el calor de saberse recibido.

Y allí, en ese instante que no se puede nombrar, empieza la vida sin miedo.