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Octubre 2011 — Donde lo que sientes se vuelve sagrado
Hay un punto en el camino en el que todo deja de ser solo experiencia… y empieza a tener peso.
No por lo que ocurre.
Por lo que significa.
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Octubre no es intensidad como julio.
No es elección como agosto.
No es eco como septiembre.
Octubre es otra cosa.
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Es cuando miras hacia dentro… y ya no te basta.
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Empiezas a buscar sentido.
No en grandes ideas.
En lo concreto.
En una persona.
En un gesto.
En un recuerdo que no se va.
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Y ahí aparece algo que no habías nombrado hasta ahora:
lo que sientes… empieza a rozar lo sagrado
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No porque sea perfecto.
Porque es irremplazable.
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Hay memoria.
No ligera.
No decorativa.
Memoria que pesa.
Recuerdos que no puedes rehacer, pero tampoco soltar. Momentos donde lo que ocurrió ya no se puede tocar… pero sigue influyendo en cómo miras el presente.
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Y hay pérdida.
No siempre explícita.
Pero presente.
Como una ausencia que no grita, pero condiciona.
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Entonces haces algo muy humano:
conviertes el recuerdo en refugio
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No porque sea sano.
Porque es necesario.
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Y en paralelo… el cuerpo sigue.
Siente.
Busca.
Se acerca.
Pero ya no es lo mismo.
Antes era impulso.
Ahora es reconocimiento.
Antes era deseo.
Ahora es significado.
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Empiezas a tocar con otra intención.
A mirar distinto.
A escuchar incluso lo que no se dice.
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Porque ya sabes algo:
no todo lo importante se puede explicar
pero sí se puede sostener
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Y en medio de todo, aparece una tensión muy concreta:
entre lo que fue… y lo que aún deseas que sea
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No se resuelve.
Se habita.
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Octubre es eso:
un espacio donde lo íntimo deja de ser ligero
y empieza a convertirse en parte de tu estructura
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No eliges sentirlo así.
Te ocurre.
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Y lo aceptas.
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Porque en el fondo sabes que hay cosas que no quieres superar.
Solo quieres aprender a llevarlas sin que te rompan.
