DIÁLOGO FINAL ENTRE EL HOMBRE Y TANATOS
—Epitafio de la Plenitud—
(Oscuridad. Un vacío sin tiempo ni peso. El Hombre está de pie, descalzo, con las manos vacías. Pero no siente ausencia, sino plenitud. Tanatos lo observa, paciente, con la certeza de quien ha visto a todos llegar del mismo modo. O eso creía.)
TANATOS:
Llegas con nada.
HOMBRE:
No porque no tuve. Sino porque lo di.
TANATOS:
Los hombres suelen traer consigo lo que protegieron del tiempo. Tú, en cambio, llegas despojado.
HOMBRE:
El tiempo me condenó a la mortalidad, pero no al miedo. ¿De qué me servía retener lo que solo pesa si no se entrega?
TANATOS:
Los sabios intentan burlar mi sombra dejando su nombre en piedra, tallado en historia. Tú no traes nada.
HOMBRE:
Porque no creo en piedras, sino en ecos.
TANATOS:
Los ecos también mueren.
HOMBRE:
No los que encienden algo más grande que uno mismo.
(Tanatos lo observa con extrañeza. No con desdén, sino con un matiz leve, sutil, como si viera algo que jamás había considerado.)
TANATOS:
¿Entonces creíste que podrías vencerme?
HOMBRE:
No. Nunca fue una guerra. No hay lucha cuando se entiende que lo inevitable no es el enemigo.
TANATOS:
Y aún así, vaciaste tus manos.
HOMBRE:
Porque solo las manos vacías pueden dar sin reservas. Lo único que me pertenece es lo que fui capaz de ofrecer.
TANATOS:
(Ladea la cabeza, examinando un acertijo que nunca había contemplado.)
Los que llegan sin miedo suelen ser los que más temblaron en vida.
HOMBRE:
Tal vez. Pero si temblé, fue de entrega, no de pérdida.
TANATOS:
(Lo observa con más atención, y por primera vez, en sus ojos se refleja algo que nunca ha sentido: la mirada de aquellos que valoraron lo entregado. No lo poseído. No lo retenido. Lo dado sin reservas.)
Y dime, entonces, ¿qué queda de ti?
HOMBRE:
Nada que puedas llevarte.
(Silencio. Tanatos comprende la paradoja. Pero nunca podrá sentirla.)
Porque él no elige entre vida y muerte. Solo entre muerte y muerte.
Porque solo se lleva, nunca recibe.
(Por un instante, su postura cambia. No es miedo, no es derrota. Pero tampoco es triunfo. Es aceptación. Un respeto silencioso a lo que no puede poseer.)
TANATOS:
Puedes seguir.
HOMBRE:
(Asiente. Pero antes de moverse, observa a Tanatos. Y en su inmovilidad absoluta, en su destino inmutable, comprende algo que la Muerte jamás podrá entender.)
Él ha elegido.
(Y entonces, en el final de los tiempos, el Hombre avanza… y Tanatos no lo sigue.)
EPITAFIO DE LA PLENITUD
“La Muerte no tiene poder sobre lo que ha sido dado sin reservas.
Lo eterno no es lo que sobrevive, sino lo que deja huella en los demás.”