De aquellos días con risa franca.
De las ventanas altas e impuras.
De cuando los ciegos amaban
y los sordos sentían tu alma.
Convivo con estelas de sueño.
Agujeros ingrávidos sobre negro.
Siento las noches en silencio
modelando ráfagas de viento.
De aquellos días con risa franca.
De las ventanas altas e impuras.
De cuando los ciegos amaban
y los sordos sentían tu alma.
Convivo con estelas de sueño.
Agujeros ingrávidos sobre negro.
Siento las noches en silencio
modelando ráfagas de viento.
Cuando las yemas de mis dedos tontean con tus párpados.
O las palmas de las manos provocan tus gloriosos gemidos.
Cuando mis dedos surcan por las venas trazando tu pálpito.
Y mis labios se hunden complacidos en la base de tu cuello.
Cuando mis manos esculpen bajo la piel de tu espalda.
Sofocando abrazos furtivos vedados en otro tiempo.
Cuando una sonrisa, y su alquimia, te invitan a volar.
Sin que nada prevea que el epitafio se antoje cercano.
Cuando descubro confines de tu cuerpo aun inexplorados.
Un puñado de escalofríos danzan, silentes, sobre tu pecho.
Cuando mis venas alertan que están saturadas de veneno.
Mi boca experimenta un sabor violento, solemne y tierno.
Entonces, amiga mía,
las caricias explotan.
Los cuerpos se funden.
La arcana noche, ruge.
Soy epicentro de lo vulnerable.
Quiero creerte, aun sin gota de fe.
Déjame una cicatriz, y márchate.
Un inaudible siseo congela mi pálpito.
Un torrente de adrenalina declama el final.
Aire expelido, sin retorno a mis pulmones.
Nada es triste ni bello. Solo tiempo e ilusión.
Lo que ya está hecho, sustenta este mundo.
Lo que aun soñamos, lo convertirá.
Bajo el azufre. Columnas de polvo.
Llanto de fiebre. Puertas cerradas.
Sentimiento herido. Mirada rendida.
Descoloridas mejillas. Guitarra sin cuerdas.
Llamas que devoran. Mantas raídas.
Esperanza astillada.
Y sobre ello:
Mirada firme.
Orla de brillo.
Estallan sonrisas. Aromas de pan.
Sal fragante. Reinos de mar.
Labios precisos .Valles de piel.
Silencio cómplice. Sencillas palabras
Mar extendido. Cálida arena .
Dedos de fuego. Semilla de hogar.
No mueras en mí.
La ineludible urgencia
de la bocanada de aire
que sustenta esta vida.
Palabras para definir mil mundos.
Combinadas, incuso soy capaz
de reinventar más de un universo.
Eres el vértice de mi locura.
La posesión fronteriza.
La intensa sensación
de un sueño inconcluso.
Déjate llevar por mis labios.
Muéstrame el camino
hacia el nido celestial
de tu piel inexplorada.
Somos deseo mal templado.
Estigma de viejos recuerdos.
Obsoleto y prescindible pasado.
Sonido sin su imperioso eco.
Pero al mismo tiempo llueves.
Sobre piel que reverdece.
Sobre el desierto de ausencias.
Sobre espuma que se escancia.
Eres la conquista de mi impulso.
El dulce culmen de esta tarde.
La sonrisa dispuesta tras la sombra.
La caricia que arrulla mis alforjas.
Al fin y al cabo, el amor
es la muerte del deber.
Ante la victoria cierta
nunca extrañes el pasado.
No hay mundos perfectos
más allá de donde vivimos.
¿Es mejor luchar contra el tiempo o aprender a disfrutarlo?
¿Es la felicidad un instante o lo inversamente proporcional al fracaso?
¿Nos enseña la decepción a disfrutar a cambio de conculcar esperanzas?
¿O perpetuamos la niñez con la intensidad del llanto como consuelo?
En cualquier caso te prefiero un instante que soñarte una vida.
Cuando mi alma se desliza sobre ti, fascina la órbita de uno sobre el otro.
Convertidos en veneno y antídoto mientras subimos al cielo sin recuperar al aliento.
¿Porqué cuatro palabras si con tres bastan?
¿Porqué tres besos si con dos bastan?
¿Porqué dos abrazos si con uno basta?
¿Porque una vida si sabes que no basta?
Jalona mi espalda estaciones erráticas.
Observo pequeños detalles sin disfrutarlos.
A veces, la llamo de tú, y creo que es magia.
Otras, menos prosaicas, simple experiencia.
Como amiga siempre ahuyentó la locura.
Me resguardó de campanas oscuras.
Cuando arde el cielo,
y llueve desesperanza,
la luz se postra ante la sombra
y escarcha al borde de tus entrañas.
Hoy gotea complacencia.
Sin dejar de mirar al pasado
trato de anclar mi sonrisa
en los toboganes del futuro.
Solo pido que me entiendas
Aunque en la cruel distancia
te cueste escucharme.
Eres el diablo
La hipnosis del fuego.
La gula incontenible.
La arista lesiva del hielo.
La nube que ennegrece.
El dulzor de la sangre viva.
El sonido que te agrieta.
El fondo aguado del vaso.
La yema curtida del dedo.
No es fácil. Lo sé.
Pero se ha convertido
en un modo de vida
adicto y necesario.
Caminar de la mano
como estelas sinuosas.
Robar al ocaso
su plácida calma.
Crear instantes.
Y difuminarlos
mientras tatúo mi sed
sobre tus labios.
Soy corazón,
y agua.
Deseo.
Y ternura.
Soy infinito
y destello.
Y olas.
Y viento.
Lo tangencial.
Lo arcano.
Lo inescrutable
Lo implícito.
Soy inmortal
en lo constante.
Necesito de ti
para reinventarme
Bajo el manto de las sombras,
tanto me aparto de la soledad
como me sumerjo en ella.
He amoldado mi alma
para sobrevivir con dos gestos,
y evasivos recuerdos.
Aun chispea la nostalgia de aquel beso
con el que fuiste capaz de hacerme volar
sin separar, un centímetro, mis pies del suelo.
Nunca tu piel será huérfana de deseo.
Siempre la recorrerá un halo de fuego.
Nunca tus caderas se moverán solas.
Las mías han nacido para recibirte.
Anoche estuve deshaciendo nudos eternos.
Que no lo eran.
Descifrando palabras huecas y monosílabos.
Inconexos.
Anoche encontré la frontera entre tu mundo y el mío.
Y mi fe en las trompetas de Jericó se tambaleó.
No se pueden sostener dos reinos en un universo.
Capaces de percibir que las estrellas no tienen dueño,
aprendí a desangrar mis principios más profundos.
Desafiar la insondable soledad de las estatuas de sal.
Silencio.
Te estoy amando.
Te escucho crepitar.
Mis manos despiertan
el deseo tras la sal.
Silencio.
Adoro tu mirada.
El pecho desafiante.
La lengua escondida.
Relamiéndose.
En su ataque feroz.
Hay magia en los juguetes rotos.
En el ocaso de la luz velada.
En la huida que protege.
En la fecunda lágrima.
Sin preámbulo.
Beso a beso.
Las entrañas en la mano
y la carne firme.
Somos emigrantes. Apátridas del consuelo. Eterno deseo sublimado al instante.
Viví juventud tardía. O vejez precoz. Pero siempre, recortando tiempos.
Bienvenido tiempo. Hogar de la hueca sonrisa y del palpitar ausente de fe.
Nací con el don de describir la belleza y la maldición de nunca alcanzarla.
Soy mi brutal y único destino. No hay orilla, ni horizonte cierto.
Sentirte cerca me forja invencible. Un poder superior sustentado en caricias
No caeré en la alquimia de la luz de gas. El mundo sigue suspendido a mis pies.