Lo importante siempre has sido tú

lunes, septiembre 7, 2026 Permalink 0

Lo importante siempre has sido tú

No sé todo lo que eres.

Sé lo que me has mostrado.
Lo que dijiste.
Lo que callaste.
Aquello que hiciste cuando era necesario hacerlo.

Y algunas veces, mirando con atención,
he creído ver algo más.

Puede que acertara.

Pero.

Qué palabra tan pequeña para abrir tanto espacio.

Todo lo anterior sigue escrito.
El afecto.
El miedo.
Los errores.
Las certezas.
Las cosas que alguna vez juramos que jamás cambiarían.

Pero.

Y aparece el borrador.

No para negar lo vivido.
No para fingir que aquella letra nunca estuvo allí.

Para poder escribir después.

Porque quizá uno de nuestros errores sea creer que conocemos a las personas por aquello que hemos conocido de ellas.

Y no es lo mismo.

Lo que muestras puede ser verdad.

Y no ser toda tu verdad.

Hay cosas que simplemente no hicieron falta.

Una fortaleza que nunca tuvo que defenderte.
Una ternura que encontró otros lugares.
Una palabra que no tuvo conversación.
Un poema debajo del arte de la guerra.

No estaban ocultas.

Estaban allí.

Como esas levaduras que nadie recuerda hasta que algo comienza a fermentar.

Y un día alguien las descubre.

—¿De dónde ha salido esto?

De ningún sitio.

Ya estaba.

Quizá algunas cosas vengan incluso de casa.

Después la vida las mezcla.

Añade años.
Personas.
Pérdidas.
Victorias.
Alguna cicatriz.

Y creemos que hemos cambiado cuando quizá solo acabamos de encontrar una manera diferente de mostrarnos.

Por eso puedo mirarte.

Leer entre líneas.

Decirte lo que veo.

Incluso escribir algo en tu pizarra.

Pero no confundamos las letras.

Esta es mi mirada. La vida es tuya.

Puedo equivocarme sobre ti.

Y mi error puede servirte.

Porque al verlo delante quizá descubras algo que yo jamás vi.

Tal vez digas que no.

Tal vez recuerdes que sí.

Quizá reconozcas una fortaleza que habías conquistado hace mucho y que dejaste olvidada en algún lugar.

O encuentres algo completamente nuevo.

No importa demasiado quién lo escribió primero.

El borrador lo tienes tú.

Úsalo.

Borra incluso aquello que escribí con las mejores intenciones.

Sobre todo si no te sirve.

No necesito acertar para ayudarte.

Ni que termines viendo lo mismo que yo.

Estos son mis principios.

Pero existen otros.

Este es mi dibujo.

Pero el lienzo admite otros.

Esta es la tormenta que yo encuentro en Pollock.

Tú quizá veas una danza.

Y mañana, cuando volvamos juntos al mismo cuadro, puede que ninguno encuentre lo que vio ayer.

El cuadro seguirá allí.

Nosotros no.

Por eso, si alguna vez vienes a buscarme, puedo enseñarte lo que sé.

Lo que aprendí.

Lo que perdí.

Aquello que una vez me permitió levantarme.

Puedo sentarme a tu lado.

Preguntar.

Contradecirte.

Incluso señalar una puerta que tú todavía no habías visto.

Pero no necesito que la cruces.

Porque entonces estaría intentando salvar mi respuesta.

Y lo importante siempre has sido tú.

Así que lee entre líneas.

Escúchame.

Discute conmigo.

Quédate con lo que te sirva.

Borra lo demás.

Y si después de todo eliges un camino que yo nunca habría elegido, no habré fracasado.

Quizá haya ocurrido exactamente lo contrario.

Quizá ayudar fuera solamente esto:

estar suficientemente cerca para ofrecerte otra mirada
y suficientemente lejos para no convertirla en la tuya.

Estos son mis principios.

Pero existen otros.

Esta es mi mano.

Puedes tomarla.

Pero el borrador sigue siendo tuyo.