Puedo amar de muchas formas… y aún estoy aprendiendo cuál es la mía

martes, marzo 31, 2026 Permalink 0

Diciembre 2009 — Cosido a lo imperceptible

Libaste mi vida

y, a cambio,

te di la tuya.

No hubo cálculo.

Ni equilibrio.

Solo un gesto antiguo

que ya sabía el cuerpo

antes que la cabeza.

Te sonreí

y apenas balbuceabas.

Y entendí, sin entender,

que hay vínculos

que no se rompen

aunque dejen de verse.

El cordón no desaparece.

Se vuelve invisible.

Los dioses juegan.

Siempre han jugado.

Tiran dados sobre nuestras vidas

como si el error

fuera parte del diseño.

Y lo es.

En ese margen torcido,

en esa grieta leve,

se escribe lo importante.

Un paso al infierno.

Otro hacia tu pecho.

Y entre ambos,

un espacio pequeño

donde el viento no duele.

Ahí quise quedarme.

Ahí quise construir

algo que no se explicara.

Pero no todo abriga.

Hay tardes huecas

que sonríen por compromiso.

Hay caricias

que no llegan a tocar.

Hay miradas

que ya no saben sostener.

Y entonces la ilusión

se vuelve arena.

Se escapa.

Sin ruido.

El último suspiro de un amor

no se oye.

Se siente

cuando ya es tarde.

Y aun así…

algo insiste.

Las olas llaman.

No preguntan.

No esperan.

Solo están ahí,

rompiendo contra lo que somos

hasta que decidimos subir.

Sube.

Eso me dije.

Aunque no supiera cómo.

Aunque no supiera si era el momento.

Sube.

Porque un sueño no se alcanza.

Se domestica.

Se mira de frente

hasta que deja de asustar.

Camino.

Llueve.

El frío no entra.

El barro no pesa.

Hay algo más allá de la bruma

que me nombra sin decir mi nombre.

Y yo respondo.

Siempre estás a la espera

del sol de poniente.

Ese que no ilumina todo,

pero basta.

Yo también.

Tengo palabras.

Algunas huecas.

Otras llenas de ti.

Palabras que quieren quedarse,

coserse,

no desaparecer con el viento.

Tengo preguntas.

Y respuestas que no llegan.

Y aun así…

algo crece.

Ilusiones.

Porque incluso cuando no puedo,

quiero.

Incluso cuando no es,

sigo.

No quiero esperar a que todo sea fácil.

Prefiero el frío.

La nieve.

El roce incómodo de lo real.

Vivir a medias

es otra forma de no estar.

Aún no he despertado del todo

de lo que fui.

Y no quiero.

Guardo mis recuerdos

como se guarda lo que salva.

Pan con mantequilla.

Chocolate.

Una risa que no sabía que era importante.

Ahí sigue todo.

Intacto.

Amo lo pequeño.

Lo que no se nombra.

Lo que no pesa

pero sostiene.

Mi vida está hecha de eso.

De cosas que no se ven

pero no se van.

Cosida

a lo imperceptible.

Y entonces…

apareces.

Grana y negro.

Quieta.

Como si el mundo no fuera contigo

y aun así lo atravesaras.

Yo avanzo.

Tú esperas.

El viento decide.

Nos acerca lo justo

para no entenderlo del todo.

Y ahí está.

Ese punto extraño

donde todo podría ser

y nada lo es todavía.

No todo amor se queda.

No todo deseo sabe vivir.

No todo encuentro es refugio.

Pero todo deja algo.

Diciembre no responde.

Abre.

Es un cruce.

Donde conviven:

lo que darías sin dudar,

lo que no supiste sostener,

lo que aún quieres construir,

y lo que no vas a olvidar.

Y aun así…

si volviera atrás,

no cambiaría nada.

Porque todo esto

también soy yo.