Donde querer ya no es suficiente.

martes, marzo 31, 2026 Permalink 0

Enero 2010

Hace tiempo —demasiado—

que no bailo en la calle.

Y no recuerdo cuándo

perdí ese derecho pequeño,

ese capricho sin permiso

de dejarme llevar.

—

Recuerdo risas fáciles.

Abrazos.

Choques de manos.

Vasos que suenan sin medida.

Miradas atrevidas

que no pedían explicación.

Palabras inventadas

con el único propósito

de inventar algo más grande:

ilusiones.

—

Ahora me siento.

Observo.

Recuerdo…

y sonrío.

Pero no basta.

—

No es suficiente vivir

anudado a algo

que no respira.

—

Porque hay chispas

que no se pueden fingir.

—

Esas que aparecen

en una mirada furtiva

que invade tu espacio

sin pedir permiso.

—

Y entonces lo entiendo:

no quiero castillos.

—

Me los pides.

Y te miro.

Me pides planes.

Y te sigo mirando.

—

Te entrego sueños.

Y me miras.

Te entrego vida.

Y sigues ahí,

sin cruzar.

—

Los castillos en el aire

arden rápido.

Se vuelven sombra

antes de ser refugio.

—

No tengo planes.

Tengo algo más peligroso:

la voluntad

de quedarme.

—

Pero quedarse

no siempre es suficiente.

—

Y eso duele.

—

Porque creer

también tiene un precio.

—

La certeza limita.

Encierra.

Reduce lo que podría ser.

—

Creer es otra cosa.

—

Es avanzar sin garantía.

Es sostener sin pruebas.

Es elegir incluso

cuando no te eligen igual.

—

Amo amar.

Pero no siempre

he sentido

que me hayan amado.

—

Y aun así…

sigo.

—

Porque hay algo que me guía.

—

No nací a tu lado.

Pero necesito sentir

que caminas conmigo.

—

No crecí con tus besos.

Pero los he buscado

toda la vida.

—

Hay vínculos

que no se explican.

Solo se persiguen.

—

Y en medio de todo,

encuentro refugios pequeños.

—

Un fuego.

Un café.

Una manta.

Una sonrisa.

—

Lo suficiente

para no romperme.

—

Pero también aprendo:

huir del exceso.

del sentimentalismo fácil.

de la tormenta innecesaria.

—

Jugar con los recuerdos…

sin quedarme atrapado.

—

Porque la vida no es eso.

—

La vida está en lo que se construye

poco a poco.

—

Pequeñas conquistas.

—

Esas que no hacen ruido,

pero te van amueblando por dentro.

—

Trasladar la pasión

más allá del deseo.

—

Soñar…

añadiendo algo propio.

—

Vivir, incluso,

cuando falta el aire.

—

Y de pronto…

todo se detiene.

—

Atardece.

—

Una gaviota negocia con el viento.

Una ola se levanta para caer mejor.

Tu cuerpo se mueve sin saberlo.

—

Mi brazo duda…

y se queda.

—

Y en ese instante,

sin palabras,

sin esfuerzo,

todo encaja.

—

El horizonte no separa.

Une.

—

Y por un momento,

somos un solo cuerpo.

—

Pero no todo permanece.

—

Hay pérdidas

que no se nombran.

—

Hay heridas

que no se cierran.

—

Hay preguntas

que no encuentran respuesta.

—

¿Dónde busco la eternidad?

¿Dónde tu abrazo?

¿Dónde el consuelo?

—

Solo queda una cosa:

la cicatriz.

—

Y en ella…

la sal.

—

La prueba

de que hubo vida.

—

La prueba

de que hubo verdad.

—

Y entonces lo acepto:

—

Enero no es un inicio.

—

Es un filtro.

—

Un lugar donde ya no basta con querer.

Donde ya no sirve imaginar.

—

Donde empiezas a elegir

qué se queda

y qué no.

—

Porque vivir

no es sentirlo todo.

—

Es saber

qué merece permanecer.

—

Y aun así…

sigo buscando

esa chispa.

—

La que no se piensa.

La que no se negocia.

La que simplemente ocurre.

—

Porque sin ella…

nada importa.

Comments are closed.