
2016 “La forma de seguir”
Hubo un momento en que todo era impulso.
Sentir era suficiente. Amar, también.
Después llegó el ruido.
No el de fuera, sino el que se instala cuando entiendes que lo vivido no vuelve,
y que lo que duele no desaparece, solo aprende a quedarse en otro sitio.
Empecé a hablar menos de lo que sentía…
y a escuchar más lo que me rompía.
Porque no era ausencia.
Era memoria.
No era amor.
Era todo lo que quedaba después.
Aprendí que se puede echar de menos sin querer volver,
y que se puede querer sin saber sostener.
Que hay nombres que no se pronuncian
porque todavía pesan.
Y que hay días en los que uno no está triste,
solo cansado de sostenerse.
Intenté ordenar el caos.
Nombrarlo. Reducirlo. Entenderlo.
Pero la vida no se simplifica.
Se atraviesa.
Entre lo que fui y lo que aún no soy,
apareció algo nuevo:
la necesidad de elegir.
De dejar de repetir.
De no construir sobre ruinas que aún humean.
No todo se puede salvar.
No todo se debe.
Algunas historias no terminan:
se abandonan.
Y en ese abandono,
empieza una forma distinta de vivir.
Más consciente.
Menos brillante.
Pero real.
Porque al final,
no se trata de sentir más.
Se trata de no mentirse mientras se siente.
