Donde el recuerdo se niega a morir

domingo, abril 26, 2026 Permalink 0

2021 “Donde el recuerdo se niega a morir”

No te fuiste.
Te quedaste donde no se puede vivir: en el lugar exacto donde termina el presente y comienza la memoria.

Al principio pensé que era nostalgia.
Algo manejable.
Un eco que se apaga si dejas de escucharlo.

Pero no.

Lo tuyo no era recuerdo.
Era permanencia.

Aprendí a nombrarte en voz alta no para traerte, sino para evitar que desaparecieras del todo. Como si el silencio fuera el verdadero enemigo. Como si olvidarte fuera una forma de traición que no estaba dispuesto a cometer.

Y mientras tanto, la vida seguía ocurriendo en otra parte.

Las tardes se volvieron ásperas.
El futuro dejó de prometer.
Y el presente… el presente se convirtió en un lugar de paso donde nada terminaba de quedarse.

Entendí que amar no siempre tiene que ver con estar.
Que hay vínculos que no mueren cuando se rompen, sino cuando se olvidan.
Y yo no supe —o no quise— hacer ninguna de las dos cosas.

Así que me quedé ahí.

Sosteniendo lo irrepetible.
Alimentando una historia que ya no respiraba, pero que tampoco se dejaba enterrar.

Hubo días en los que creí avanzar.
Otros en los que simplemente aprendí a disimular mejor la caída.

Porque sí, hubo amor.
Mucho.
Pero también hubo algo más difícil de admitir:

La incapacidad de soltar lo que ya no vuelve.

Y en ese espacio extraño, entre lo que fue y lo que ya no será, aprendí algo que no aparece en los finales felices:

Que a veces no se trata de olvidar.
Ni de recuperar.

Sino de aceptar
que hay historias
que no terminan nunca.

Solo cambian de lugar.

Y se quedan contigo.