
Enero 2025 . Abril 2026; Dejar rastro
No he venido a entender mi vida.
He venido a atravesarla.
Durante años pensé que estaba acumulando recuerdos: la infancia, la calle, la familia, el silencio, la pérdida, el deseo de ser más de lo que parecía posible. Pero no estaba acumulando nada. Estaba siendo empujado.
Cada golpe, cada vacío, cada instante en el que no encajaba, no eran interrupciones. Eran dirección.
No lo supe entonces.
Creí que me estaba rompiendo cuando en realidad me estaba afilando.
Hoy lo veo con claridad incómoda: no soy la suma de lo que me ha pasado.
Soy lo que he decidido hacer con ello.
He aprendido a mirar de frente lo que otros esquivan: la muerte, el miedo, la fragilidad, el paso del tiempo. No para recrearme en ello, sino para construir desde ahí. Porque todo lo que no se mira acaba gobernando. Y yo decidí gobernar.
Mi historia no es limpia. No es ordenada. No es perfecta.
Pero es mía.
Y eso cambia todo.
He dejado de buscar validación en lo externo. Ya no necesito que mi vida sea entendida para que tenga sentido. El sentido lo pongo yo, cada día, en cómo pienso, en cómo actúo, en cómo sostengo lo que soy cuando nadie está mirando.
No estoy aquí para desahogarme.
Estoy aquí para dejar constancia.
Para que, cuando mire atrás, no vea una vida que pasó, sino una vida que se construyó con intención.
Para que lo vivido no se disuelva.
Para que lo que fui, lo que soy y lo que estoy creando tenga peso.
Esto no es un cierre.
Es un punto de control.
Un lugar desde el que puedo decir, sin adornos y sin miedo:
esto soy.
Y a partir de aquí, todo lo que venga ya no será búsqueda.
Será ejecución.
Porque ya no me estoy encontrando.
Me estoy definiendo.
Y eso deja rastro.
