
Escrito en noviembre 2009 — Donde todo empieza a sentirse sin explicarse
Hay meses que no ocurren.
Se abren.
Noviembre de 2009 no fue un tiempo.
Fue un umbral.
—
Apoyado en el marco de una puerta,
con el aire fresco jugando con el pelo,
no estabas mirando el mundo.
Estabas preguntándote si el mundo te miraba a ti.
—
¿Importa?
Esa pregunta no buscaba respuesta.
Buscaba permiso.
—
Porque ya entonces intuías algo:
que la vida no era lo que ocurría,
sino lo que eras capaz de sentir mientras ocurría.
—
Había días llenos y vacíos a la vez.
Días donde no querías escribir,
pero escribías igual,
porque el silencio también necesitaba forma.
—
Había una decisión latente:
no correr,
no entender,
no resolver.
Solo observar.
Y grabar a fuego.
—
Y en medio de esa quietud,
aparecía ella.
No como persona únicamente.
Sino como territorio.
—
Tacones sobre la alfombra.
La pausa después del ruido.
El cuerpo como refugio.
—
No querías amar con prisa.
Querías habitar.
Purificar el día.
Absorber lo que dolía.
Convertir lo cotidiano en absoluto.
—
Y ahí empezaba algo importante:
dejar de huir de la soledad
para elegir el consuelo.
—
Noviembre no fue solo deseo.
Fue certeza sin argumentos.
—
“Hoy no hay razones.
Hay evidencias.”
—
El amor no se explicaba.
Se reconocía.
En la piel.
En la mirada.
En la forma en que el mundo se detenía
cuando todo encajaba sin esfuerzo.
—
Y al mismo tiempo, había otra capa.
Más profunda.
Más peligrosa.
—
La sensación de haber llegado a una orilla.
De no mirar atrás.
De no tener ya retorno.
—
“Soy estandarte de una sola columna.”
—
Ahí hay identidad.
Ahí hay ruptura.
—
Noviembre también es eso:
el momento en que entiendes
que no perteneces a todo.
Solo a lo que eliges sostener.
—
Y sin embargo…
no todo era claridad.
—
Había vértigo.
Había intensidad.
Había una energía que rozaba la locura.
—
Rocío en la mano.
Cielo como cúpula.
La mente oscilando entre luz y sombra.
—
Querías descubrir.
Querías expandirte.
Querías vivir sin vuelta.
—
Y en medio de todo eso,
aparecía una forma de entrega casi absoluta:
—
“Me dejo en tus manos.”
—
Pero no como rendición.
Como elección.
—
Elegir sentir sin medida.
Elegir exponerte.
Elegir no protegerte del todo.
—
Porque algo dentro de ti ya sabía
que protegerse demasiado
era otra forma de perder.
—
Noviembre de 2009 no fue equilibrio.
Fue intensidad.
—
No fue respuesta.
Fue apertura.
—
No fue control.
Fue consciencia naciendo sin saberlo.
—
Y por eso, al final, la pregunta sigue siendo la misma:
—
¿Importa?
—
Y la respuesta, aunque no la dijeras entonces, ya estaba en todo lo que escribiste:
—
No importa entenderlo.
Importa haberlo vivido así.
—

