A veces,
exagero tu amor
y trato de corregirme.
Pero me enamoro.
Siempre.
A veces,
exagero tu amor
y trato de corregirme.
Pero me enamoro.
Siempre.
Me llevas en volandas
hacia la eternidad.
O muy cerca de ella.
Besarte se ha convertido
en el sabor de estar vivo.
Aun fabulo en la penumbra de mis fantasías.
Exhalo veredas traslucidas retornando a la niñez.
Tengo presente las letras que grabaron a fuego
las canciones inmortales de Juan Manuel Serrat:
“El planteamiento de los grandes días.
La dependencia de ti para comenzar experiencias.
El consumo de la vida a granel.
El paseo de los instintos.
El derroche del placer.
El aplastamiento de la mediocridad.
La vida como ejemplar único imposible de recuperar.
La esperanza cuando nada sale bien.
Canciones que vuelan hacia el corazón de tu amada.
Cartas de amor a lomos del viento.
La belleza de lo que nunca has tenido.
La búsqueda de la luna entre la arena del mar.
Anidar en tus brazos enredado en sus pechos.
Amar por tu amor.
Olvidar la mitad a través del recuerdo.
Hacer caminos mientras pasamos por la vida.
Mundos sutiles, ingrávidos y gentiles.
La quiebra sutil del azul de cielo.
Estelas en la mar, a golpe de verso.
Locos bajitos con ojos abiertos de par en par
que se equivocan mientras corren las agujas del reloj.”
Nunca podremos corresponder con suficiente agradecimiento
a quien te hace soñar garabateando acordes y líneas en un papel.
Muy cerca.
…
A veces siento que viajo con tu piel cosida a la mía.
Despierto en camas desvencijadas con las heridas
abiertas en carne viva mientras germina otro sueño.
Conversemos a veinte milímetros de distancia. No más.
Ahí cerca. Donde pueda escucharte, sentirte y saborearte.
Hablemos de flores blancas o de labios mullidos y ardientes.
Condenemos las ventanas que se abren hacia fuera.
Firmemos un armisticio universal de paz, cariño y perdón.
Hablemos de presente y pongamos la esperanza cerca.
Muy cerca.
Amemos.
El tiempo es corto.
El deseo, grande.
Febrero 2017-02-14.
Me gusta reconocerme a través del tiempo.
Retozar con los ángeles y aviones de papel.
Te sigo hasta casa, perdido y contradictorio.
Algo extraordinario como un pájaro azul.
Se vende esta sensación de culpabilidad.
Ilumíname con tu corazón de oro pulido.
Dame paz con esas palabras que no son armas.
Incluso con aquello que no dices y me da alas.
Estoy saturado de pájaros extraños junto a la luz.
Tal vez el aire que respiro se ha vuelto carrusel.
Escúchame a través de cualquier ventana.
Siento un pecado envuelto en un traje oscuro.
Un rio sediento, más fuerte que una Madre.
Acércate con voz muy trémula y dispersa la fragilidad de este sueño.
Te entregaré la belleza que nunca has vivido envuelta de escalofrío.
Volvamos a pergeñar la magia del mundo desde el frontis de la piel.
Subamos la intensidad del deseo de a poco, alienando la inmortalidad.
Arderemos entre la luna y el cristal que te enerva en la inmovilidad.
Una fiesta de manos recíprocas y sentimientos en permanente soflama.
Amarte en modo incendiario. Sin heridas aparentes, tan sólo porque te creo.
Percibo un desconcertante silencio
después de la intensa batalla.
Conmoción de ceniza en la boca.
El puño incrustado en la espada.
La respiración afligida.
El pulso desbocado.
La mente ausente.
Los pies hundidos en el fango.
Los oídos rezuman adrenalina.
Apestas a sal y a hierba mancillada.
Tu vida fluctúa entre jadeos.
Prescindes del casco.
Dejas caer el escudo.
Tu mirada se empaña.
La garganta regurgita.
El aliento contenido.
Renaces gritando
sobre las ascuas
de una victoria
caótica.
Demasiados daños
para disfrutarla.
Respiras.
Casi muerto.
Apenas vivo.
Nuevamente triunfante
ante los retos de ésta,
y la próxima vida.
Enero 2017.
Para Olga. Ocho años. Largos años.
Nunca quise rendirme.
…
Nunca me he graduado en esta vida.
Fui un niño nacido del miedo,
y tuve miedo.
Confié en que todo saldría bien.
Salí a la calle movido por la curiosidad.
Envuelto en mil ilusiones.
No todo era ciencia.
Ni todo lo que hacemos
tiene correlación inmediata.
Uní voluntades mediante consenso,
y me alejé del engaño.
Aprendí a amar lo que hacía.
Mantuve la fe
y nunca me conformé.
Todo lo hice con la intensidad
del último aliento.
Retiré lo viejo y le di una oportunidad
para que creciera lo nuevo de forma gradual.
Viví la vida, mi vida,
con un punto de locura.
No soy nada si no soy
parte de algo mayor.
Los buenos cimientos
siempre permanecen.
No he dado las gracias
de manera suficiente.
Estudié a los grandes
e hice lo que quise.
Encontré una voz
y quien era yo.
Al fin y al cabo,
las cosas tienen una belleza
y una dignidad.
Agradecí a quien me enseñó
y a aquellos que quisieron
que les instruyera.
Mi vida fue mía.
Pero mis éxitos
fueron indisolubles.
Lo perdí todo
y gané mucho.
Lo necesario para sobrevivir
en las noches oscuras.
Entre las fronteras en las que me crie
gesté mi libertad.
Nunca pude rendirme.
Nunca quise rendirme.
Enero 2017
Besos infinitos.
…
Huyendo de las ruinas
en que se ha convertido
la supervivencia diaria
me encontré, de frente,
con una victoria sin dueño.
Una quimérica bocanada,
necesaria pero imposible.
Añoro las primeras lecturas:
El hechizo que marcaron
los trazos de la vida.
Experiencias peripuestas.
Bailes de padres e hijos.
Cuentos de ocas siderales.
Hoyos donde escarbar.
Cuentos inventados.
Mausoleos de tiza.
Chuches azul eléctrico.
Robots dislocados.
Botas de agua.
Remanso de olas.
Besos infinitos.
La química de la niñez.
Nostalgia de fantasía.
Diciembre 2016.
Las navidades tienen dos caras antagónicas.
Y la fuerza la posee el recuerdo. La tristeza.
La falta del ser queridos y eternamente amado.
Aquel que llenaba el corazón de sonrisas.
Ellos querrían que sigamos siendo felices,
ya que locos estamos y equivocarse es divertido.
Los caminos se tuercen para recargar ilusiones.
Nunca quise aprender a restar.
Menos a dividir.
Descorcha otras dos botellas de vino.
Aunque la ausencia hiere en el desamor,
también insufla nuevas esperanzas.
Usa las escobillas de tu batería
para interpretar un dulce mundo
como un hábil cuentacuentos.
Repasemos la historia como
una dulce sucesión de hitos.
Creemos un manual de limpieza espiritual
donde sumemos experiencias y recuerdos.
Buenos recuerdos de una vida plena.
Fabriquemos leyendas y protagonismos.
Afinemos la guitarra y transitemos
por el páramo de la ausencia.
En un mundo virtualmente caduco
debemos respirar con los pies en la tierra.
Fragmentemos la vida y acuñemos
una cálida manta de recuerdos favoritos.
Al fin y al cabo,
Cada día claudica la realidad
y germina un nuevo sueño.