Pongamos nombre a las cosas.
Disfrutemos de ellas,
antes de que se conviertan
en un rumor y desaparezcan.
O las devore la distancia,
envolviéndola en un velo
de melancolía tan amargo
que no provoque
ni tan siquiera una lágrima.
Pongamos nombre a las cosas.
Disfrutemos de ellas,
antes de que se conviertan
en un rumor y desaparezcan.
O las devore la distancia,
envolviéndola en un velo
de melancolía tan amargo
que no provoque
ni tan siquiera una lágrima.
Yaces sobre mis sábanas.
Aun arremolinadas.
De tu cuerpo inquieto.
De tu corazón agitado.
Incubas mi semilla,
en íntimo silencio.
Sofocando gritos,
antaño vencidos.
Espacios celestes,
vivamente compartidos.
Poblaremos un sueño
en torno a tu huerto.
Un exceso de piel
perdura entre mis manos.
Invadiendo nostalgia.
Peldaños desde el cielo.
Tu desnudez y mi mirada,
son fuego sobre hoja seca.
Con la misma profundidad,
con la que mi mente desea.
El héroe de mi vida
es capaz de diseñar
la escena del crimen
y resolverlo
antes de culminarlo.
Me enseña como vivir.
Y me prepara para morir.
Sin agonía.
Con gratitud.
Con comprensión,
y su innata evolución.
Ensambla la reconciliación continua,
entre infancia y emancipación.
La serenidad de la victoria.
La euforia para salir del fracaso.
La mesura y su reborde de locura.
La singular manera de vivir,
entre ascuas y viento.
Entre vino y lino blanco.
Doblega la necesaria locura,
del paulatino uso de esta vida.
A pesar de mi mismo, y mis cataclismos,
escribo cada día encendidos fotogramas,
que componen mi comedia humana.
En ellos represento lo que cuento
y también lo que me callo.
Lo que me atormenta
y lo que, a veces, me enamora.
Esas guerras que no terminan,
y que dibujan lo que soy.
Un paisaje jaspeado de humo.
Soy único en este mundo,
pese a la herencia de los anteriores.
Me empeño en lo bueno,
y siempre me caza lo malo.
Ilumino la injusticia
con un cristal hecho trizas.
Soy hombre aun,
cargado de sueños.
Esencias que flotan
entre declaraciones
repentinas e inexactas.
En ocasiones,
veo pasear algún anciano
por las aceras de mi barrio
apoyado en los muros,
inclinados sobre un bastón.
Ausentes de prisa.
Sin tiempo.
Me sobrecoge el futuro.
Las ausencias obligadas.
Los recuerdos en los que
podré perder a alguien
que fu importante en mi vida.
Incluso experiencias.
Sensaciones.
Miedos.
Esperanzas.
Observo mi cuerpo,
y miro mis manos
cargadas de venas,
duras como tendones.
Recuerdo las palabras
que nunca quise pronunciar,
y que me persiguen a diario.
Las pieles que no acaricié
O las veces que tiré de las riendas
de este corazón que camina
a base de trompicones.
Siento miedo.
Tristeza.
Imposibilidad.
Desasosiego.
Incluso nostalgia.
Cada día escucho,
con mayor fervor,
las risas de la infancia.
Las promesas
del primer amor.
Esas que nunca nos acompañaron,
más allá del recuerdo y la reivindicación.
Algo que existió alguna vez,
se ha convertido en una cicatriz,
ya no adorna mi cuerpo musculado.
Ayer me bajé del coche.
Invité a mi vecina a llevarla
los doscientos metros que
distaban de su casa.
Me sonrió mientras denegaba
el gesto de apoyo y solidaridad.
Incluso, creo que observé
un destello en la mirada,
parecido a un orgullo
entreverado de reproche.
Me alegré al valorar que,
llegado el momento,
mi propio orgullo llevará
a mi cuerpo cansado
a dar un paso cada vez
hasta la meta de cada día.
Y sonreí
Entre una mirada vidriada.
Una sonrisa de comprensión.
Y el agradecimiento por su guiño.
Es terrible rogar para sobrevivir.
Sin embargo,
me arrodillaría
hasta desangrar mi alma,
por un minuto más a tu lado.
Haz de mi
el mejor amante.
Tal vez de este mundo.
Al menos de tu mundo.
Tu amigo.
Tu pareja.
Tu amante.
Tu deseo.
Tu ambición.
Mi objetivo vital,
no es acabar la lucha.
Se centra en ganar.
En recordar batallas,
libradas y ganadas.
Empuñar firmemente la espada,
y buscar el golpe certero.
Huir de esta soledad
de tamaño infinito.
Juguete de tu azar.
Susurremos las cosas que nos duelen.
la tormenta perfecta de la creación.
Bienvenida la noche donde vagan las almas,
donde somos extraños para nosotros mismos.
Entregamos amor de forma compulsiva,
y recibimos un miedo enfermizo
a perderlo ante cualquier destello.
Hordas de entusiasmo controlan mi mente.
El desamor me ha golpeado sin piedad,
desmontando la teoría de que las heridas
sanan cuando llegan a cicatriz.
Necesito desesperadamente mi infancia
y encontrar consuelo entre tanta crueldad
para conciliar un puñado de sueños y vida.
Ser quien quieres ser,
y no quien eres.
La persuasión.
La seducción.
La belleza.
El pecado.
La vanidad.
A solas ante Dios,
postrado sobre tu piel.
Rogando para vivir.
Rezando por no morir.
Toda tu maldad
no deja de ser
el reverso de Dios.
Y como tal,
serás amada sin reservas.
Mis labios guardan
el tibio sabor de tu sangre.
La verdad pura y diáfana
que tu oscuridad oculta.
Una flor con la raíz marchita
y su cáliz en perfecta floración.
La fugacidad de la vida
sin un ápice de futuro.
Sin el canto de un ruiseñor.
¡Cuánto sufrimiento,
bajo tanta belleza!