Acontecerá la esperanza.
Y con ella, tu presencia.
Gracias
Gracias.
Por no dejar que me ahogue con mi propia vida.
Por escuchar pacientemente cuando ni yo sé lo que quiero.
Cuando los botones se desordenan y sonríes mientras te acercas.
Por esperar por mis papeles garabateados de vida y locura.
Gracias.
Por las minucias que dan fruto al despertarme, aun de noche.
Por cambiar tu respiración por la mía hasta que se acompasa.
Por tus manos mansas y cálidas que contienen, al menos, dos mundos.
Por ser mi centro de gravedad y el reflejo nítido de mis oraciones.
Gracias.
Por la satisfacción del perdón recibido y nunca solicitado.
Por cerrarme en tu círculo al borde del mar con el pliegue de sus olas.
Por la ausencia de secretos y la memoria henchida de felicidad.
Gracias.
Una banda sonora indescifrable
Llueve.
Suena una banda sonora indescifrable
El otoño viene a morar sus tres meses y un día.
Las piedras del jardín se resisten a evaporar
los rayos atesorados en verano.
Una hoja rosa de buganvilla se suicida
enamorada del salpicado en los charcos.
Las vasijas abren aun más sus bocas
en busca de un remanso de agua.
El silencio ha emigrado.
Las tejas ejecutan su cacofonía otoñal.
El olivo gotea con la parsimonia de su aceite.
Las macetas se inundan y todo el jardín
toma un color intenso y brillante
mientras la luz de la tarde agoniza.
Me doy cuenta que me agrada
el hecho de sincronizar mis años
con esta tarde en el jardín.
La conjura de mi llanto
Anidas en un lugar especial donde la confusión fue desterrada.
Donde la ilusión tiene un asiento de tren que nunca se queda atrás.
Viví enamorado del saqueo permanente del recuerdo que cautiva.
En un lugar indeterminado entre el pasado y ninguna parte.
Ofrecía sacrificios a cualquier deidad que sonriera tras la ventana.
Las farolas alineadas de la calle de mi barrio tintineaban de risa.
Era un misterio ante la coronación de la montaña aun no coronada.
Hierba verde que suspira por ser fruta que desgranarse en tus manos.
Fui sangre y fui piedra. Inerte y helada. Helada e inerte. Casi caduca.
Me das coherencia como tañido lejano tras la desoladora batalla.
Reduces a una coma la encíclica que desbasta el instante desnudo.
Una incontable constelación de ilusiones en forma de universo.
La conjura de mi llanto. La complacencia que descansa en tu mirada.
Mi silencio
No hace falta que tus manos se posen en mi cuerpo.
Pues eres fuente inagotable de sueños y deseo.
Y aunque mi apetito por ti siempre superó a mi juicio
No dejo de guardar una bala que siembre el silencio.
Mi silencio.
Dispongo de dos días para tu sonrisa perfecta.
Y otros dos para disfrutar la anhelada respuesta.
Eres la infinita cintura bajo tu sombrero al viento.
La arcilla resbaladiza que alberga entre los dedos.
La lumbre que da la espalda al frio de la noche.
El deseo engendrado en el aire que anida en tu pecho.
La mujer que tiñe su corazón de música y romance.
Una gota de rocío que evade la justicia entre nubes.
Lo infinito rebuscado en la inmensidad del bolsillo.
Fe ciega
Si supieras de lo que eres capaz,
huirías de tu cuerpo para cobijarte en el mío.
Fe ciega en lo que veo en ti.
historias y talento
Entre lo conveniente
y lo desconocido,
solo hay que cruzar
una puerta.
Consecuencias improbables
que debemos asumir
en ese preciso instante
que se presentan imprevisibles.
Un acontecimiento
que no s lleva en volandas
desde la vulnerabilidad latente
a la imaginación desbordante.
Valentía e inteligencia.
Historias y talento.
Otra realidad pensada.
En esta única vida.
No temas
Descansa sobre mi pecho.
Detrás de la ventana han estallado mil truenos.
Disfruta del nido de mis brazos.
Siente un afecto absolutamente renovado.
Los sueños no albergan heridas,
más allá de un soplido o un rumor de mar.
Entra en un profundo letargo
dulcemente mecido por el ángel custodio.
El mar rumorea lejanas batallas
mientras salpica tu frente de esperanza y sal.
No temas.
Respira la serenidad que exhala
mi pecho contra tu espalda.
El viento aúlla por el desfiladero.
Reparte el eco de la terrible guadaña.
Esta noche la única luz es tu sonrisa
aleteando por las cortinas un poco de paz.
Olvida tus manos vacías y deja que sea el corazón
nuestro maestro de ceremonia.
Cierra los ojos.
No temas.
La vida nos espera.
Más allá del suspiro.
El último suspiro.
Respeté tu libertad
Respeté tu libertad,
y hoy me esclavizas.
Sarmiento y tierra húmeda
Conversación entre dos corazones sin respuesta aparente.
Iluminas intermitentemente la inseguridad que me regalaste.
Se resintió tu fidelidad cuando la oscuridad se emponzoñaba.
Me paro a escuchar la lejanía y tan solo recojo un eco vacío.
Un lienzo raído me habla cada noche cuando intento sentir.
Sería incapaz de cerrar tus ojos cuando la vida te abandone.
En el fondo de la mirada encontraría el amor que escondes.
Ese capaz de gritar su libertad sin las cadenas de tu mente.
Sobre tu pecho caerán mis palabras hurtadas de destino.
El frio de tu sangre, azulado de odio acumulado en vano.
Dejará de saber al vino parido de sarmiento y tierra húmeda.
Para regar un remanso de paz ornado de piedra, rechazo y sal.
