Imagen: Mark Brosniham.
…
Te propongo renovar ataduras, perennes en el deseo.
Esas que nunca se ven. pero que necesito como tus caricias.
Mimos longevos, libres del peso de angostos pasados.
anclados a tu piel de estimulante trigo dorado.
Indisoluble lujuria atrapada en mis manos. Sangre de vida que gotea postrándose a tus pies.
Mejillas jaspeadas de miel y sosiego, ungidas de elixir sinuoso, del lecho de rosas de tu jardín.
Una voz que promete ecos incandescentes por sobre mi cuerpo. Arte e incienso.
No necesito héroes tatuados con mil batallas si danzas cerca. Presente.
Acaso necesito verte salir del baño, envuelta en vapor estrellado, o simplemente,
ruborizarte con un beso robado, raptado mientras te maquillas frente al espejo.
Cuando andas por la habitación eligiendo enloquecida el vestido apropiado.
Aprovecho para rastrear las tenues fragancias que dejas a tu paso.
Canela con ribetes de anís estrellado. Te sueño imposible.
La cama acuna tu silueta. La almohada cuenta los sueños a las telarañas.
El alfeizar aun contiene agua de rosas, infusionada con la piel de tu cara.
Las flores del jarrón reverdecen al despedirte en el zaguán hasta la tarde.
La mesa de noche despierta lentamente con el calor de una taza de café.
No quiero ser culpable de respirar y romper este mágico momento.
Y sin embargo no puedo dominar el impulso de abrazarte
Ese que me enseñaste cogiendo mi barbilla, moviéndola cual marioneta.
O del castigo de mil mordiscos cariñosos a modo de reprimenda.
Me encantan estos momentos. Mis momentos.
Necesito aspirarte
Imagen: Sigues creciendo.
…
Sobre el altar a punto de sacrificio, mi último palpitar es para entregarte mi devoción.
Cada minuto que he surcado en esta tierra, ha estado orientado a revolotear a tu lado.
Y si aun así, si mi sangre reviviera tu alma, te la serviría en cáliz de oro con tal de tenerte a mi lado.
Un manto cubre la fuerza vital de mi cuerpo, y aun me empuja al interior de tus manos.
Morir siempre ha sido el final, salvo esta en letanía que acaricia mis oídos en el fin de los días.
Has dado un desenlace al único amor por el que derramaba puñales envueltos en flor.
Terminar mis pasos en el resuello de tu almohada ha sido una épica batalla jamás librada.
Fantaseo con ver el color de tus labios, tatuados sobre un lecho con tu sonrisa decorado.
Sentir como se desvanece un beso en mi cuello, al vapor de aceite que no deja simiente.
Caminar unidos tan solo por dos dedos. La mínima expresión de mis inconfesables deseos.
Pasemos por la arena mientras recogemos conchas, rellenas de sal e ilusión.
Dejar nuestro destino visto para sentencia para el próximo decenio, e incluso milenio.
Convertirme en parte indisoluble de tu reflejo, húmedo y vaporoso ante el espejo.
Eres el laberinto de rosas efervescentes, donde me gusta soñarte y perderme.
Amar es algo más grande que un siglo de vida concentrado en tus labios.
Porque no se, ni quiero, amarte sin poseerte.
Sin contar las vértebras de tu espalda arqueada.
Enredar mis dedos en tu pelo, hasta que caigas dormida.
Te contemplo.
Una luz proyecta tu silueta resplandece.
Inerte intensidad.
Una cálida pátina de la lluvia de tarde.
Tu perfume persiste.
Inmolado en el calor residual de la farola de tu calle.
Necesito aspirarte.
Sabor a limón
Imagen: F. J. Alfonso
…
Las pinceladas cotidianas, me gusta compartirlas contigo.
La radio inventando canciones, y la tarde abierta de par en par.
Movemos una pieza, en el tablero del arcano.
No hay colores definidos, ni brisa cálida o envolvente.
Todo es caótico e intenso. Y más aun,
adornado con un ramillete violeta de besos.
Que extraña tu presencia.
Fresca, ardiente y sonora.
De esas que te transportan
entre universos afines.
Ahí está tu piel, tersa y desnuda. Aquí mis deseos perdidos.
Envueltos en un simple trozo, brillante y de seda.
Inventemos una marea de ardientes miradas.
Un retazo de piel. Blanca, brillante y escarchada.
Un silencio de tus labios acontece en mi almohada cada noche,
en el preciso momento que busco la última luz en mi ventana.
Me gusta tu sabor a limón
con destellos efervescentes
de fresa y melocotón.
Respirar el dulce elixir
de tu cuerpo extenuado,
junto al cuello anudado.
Renacer a tu lado en el deseo
La sonrisa complaciente
cuando despierte.
Sube el telón. Comenzamos a andar por la vida.
Deja en el camino historias de vínculos desatados.
Giras ciento ochenta grados. El mundo es el mismo pero al revés.
No reconoces forma ni color. Ni tan siquiera el eco rebota igual.
Un día. Donde el aire llora, y el tiempo se congela,
el espíritu claudicará ante la bajada del telón.
Pero eso día, no será hoy.
Pasan las horas
Imagen: Incipiente
…
La ventana mojada. Una nube serena satura la casa. Frente al espejo sentada.
Tres notas reverberan. Caprichosa cadencia repiquetea la lluvia tras el cristal.
Está silente la tarde. Vaga e insustancial, como cuchillo que se hunde sobre costal.
Pasan las horas. Los deslizantes días se me antojan lánguidos. El aura menguante.
Las grandes gestas fueron cantadas por simples juglares, bohemios o rapsodas.
Armado con un lienzo una irreverente pluma garabatea aguzando en el ingenio.
Disfruto tus proezas cuando te enfrentas a los miedos como a dragones de elegía.
Cuando el orgullo diseña mi destino, con el orgullo del tañido de tu nervio.
Dibujas notas en movimiento. Única y sensual. Cada fragmento de tu cuerpo.
Ardes el aire que te rodea. La suave fragancia me esquiva. Revolotea.
Grite una sonrisa y me devolvió un instante.
Me haces volar sin moverme a ninguna parte.
Lo siento. Sé que las palabras pueden ser dagas sangrantes.
Y sin embargo, nunca supe declinar la palabra te quiero más allá del silencio.
Vacilante. Jadeante. Vagabundo. Esporádico. Por ti, penitente.
Anclando la vida a tu mano
Foto: F.J. Alfonso
…
Descubrir un color y ponerle tu nombre. Bañarme en la espuma de un salto de agua termal.
Compartir un paisaje y reinventar su horizonte. Soñar con tus manos y despertar a tu lado.
Permite que disfrute tu alma con esta neófita locura. Que la hábil pluma te reverencie.
Modelar viejas heridas en sutiles cicatrices, cerradas y adormecidas, de sal y de miel.
Pintar de manera irracional los surcos de otra vida. Rellenarlos hasta florecer con nuevos aromas.
Reverdece mis manos sembradas de olvido En el perdón del destino. En el sueño de ser amado.
Esculpiré tu alma a golpe de sueños. Los grandes y los pequeños. Con cariño y con calma.
En los vigorosos e intensos momentos en que cruzamos el umbral de la pasión y la entrega.
En la deseable quietud sobre sabanas blancas que estremeces cosida al calor de mi espalda.
Si somos dos, podremos desgranar los momentos de la vida como uno solo.
El repentino brillo de una estrella en la noche, o el embriagador aroma del jardín por la mañana.
La sinfonía inacabada de un grillo que reta a la luna. O el crepitar del fuego bailando con la noche.
Llegar casa después de un largo día. Cerrar la llave por dentro y que ya no seas sueño.
Pequeñas cosas que suceden en el anonimato de una cálida mañana de domingo.
Observo ensimismado con la mente en el horizonte. Anclando la vida a tu mano.
Besos, Pedro
En la palma de tu mano
…
La nuestra, es una historia de amor escrita, desde el principio, al revés.
Comenzamos besándonos para ahuyentar el futuro y la situación.
La espalda fue un campo de batalla, donde el olor a pólvora y fuegos artificiales
mezclaba el punzante aroma del deseo con la pasión humedecida en estremecimiento.
Somos más que palabras y menos que sentimiento. Algo fugaz y deseable. Inconsistente y etéreo.
Besarte es compartir ternura. Aire atrapado entre algodón. Mundos que entran en colisión.
Besarte es observar como buscas hueco entre los brazos abiertos cimbreando hasta mi pecho.
Besarte es sonreír al ponerte de puntillas y doblar, inconsciente, tus tobillos al dejarte llevar.
Bailare para ti como humo de partitura, que conserva la música con fingida cordura.
Me posare en tu cuello. Aspiraré el aroma del día y susurraré las ganas que mi cuerpo ansía.
Para derramarme acariciando con delicados arabescos alrededor de tu pecho.
Si. Bailaré para ti, en la palma de tu mano
Hay un lado de la calle

Imagen: Blanca sobre rosa
…
Hay un lado de la calle en el que el color brilla un poco más.
Un lado en el que las sombras ascienden los rascacielos aullando sus penas.
Donde la piel desprende unas gotas más de aroma y sucumbe al aire de la tarde.
La simplicidad de la lluvia que limpia los arcenes del desecho de la noche.
Y la brisa se enrosca desde los tobillos a la cadera bailando hasta el amanecer.
Es la emoción de lo que se palpa.
Las flores recién cortadas en la entrada.
Las manos dando énfasis a las palabras.
La mirada perdida, casi incrustada.
La piel dorada del mar bravío.
El pelo recogido al azar.
El traje negro ceñido al pecado.
La luz jugando con la sal de las olas.
Una sintonía embriaga la noche.
Mi camisa negra. Tu pantalón vaquero.
Los aspersores te denudan
Y mis manos te secan.
O no.
Apoyado en tu costado
Imagen: Enredados a la luz.
…
Tengo sal para derramar, como agua para beber. En cada orilla de tu piel, en cada surco del bisel.
Encerrado en la oscuridad del torrente de mi sangre, riego, ensimismado, tus caricias.
Injertadas de aroma. Prometidas a tu altar, cada noche te velo sin rendirme al sosiego.
En tus manos me siento fragancia. Levedad. Capricho. Al límite de la debilidad.
Un sonido que retumba. Un eco sostenido que vibre a tu ritmo, sin cadencia ni final.
En mi mano que ama. En tu cuerpo que vibra. En mis sueños que bailas.
Cuando me envuelves en tu sedosa piel y me amas, eres manto y fuerza de mar.
El suave manto de yodo y sal que dejas sobre mi pecho acurrucado en tu recodo.
Siempre consigues que me deleite en girar y volar a tu libre albedrío.
Quiero que veles mis sueños.
Que sigas siempre a mi lado.
Apoyado en tu costado,
ya no me siento pequeño.
Eres el lienzo de mis deseos.
La dulce partitura de mis sueños.
La perfecta definición de la belleza.
La estrella polar de mis manos.
El marco perfecto de tu sonrisa.
La esponjosa almohada de mis labios.
El níveo tacto de mis mañanas.
La sonrosada emoción de tus venas.
Tu cara es
espejo inmaculado.
La frágil felicidad.
Mi destino.
Sueño a sueño
Imagen: Rojo intenso.
…
Sobre los surcos de la vida nada sorprende mas allá de tu alegría, y de cómo me comprendes.
Sin rictus de agonía, presiento el porvenir colgado de los astros y de la llama de una elegía.
Demos sentido al crujir de hojas secas. Al suave aroma de hierba cortada, con el placer de tu espalda.
Mi vida es recuerdo. Es futuro y tranquilidad. Salpicada de sueños, esperanza y una sublime realidad.
Nudo a nudo.
Paso a paso.
Beso a beso.
Sueño a sueño.
Cada despertar, distinto y mágico al mismo tiempo, anidado en tu forma de amar.
La alegre turgencia de tus buenos días. El arrollo azul que recorre tu piel.
La cálida arena donde recostarme en la playa. Escuchar el eco de la respiración.
Declaro inaugurada la fiesta de mis labios. Sobre el pecho siento el adorable peso de tu cuerpo.
Acompasando el respirar a ritmo de la música que satura el aire denso de la habitación.
Llama sofocada por la combustión intensa de mil horas contenidas al borde de la almohada.
Envolviendo con un delicado silencio cada latido de tu corazón, al que sabes que reverencio.
Gozar la vida
Imagen: Presencia
…
Que mis deseos echen raíces lejos de las causas perdidas.
Enredados sobre la húmeda tierra que arrincona la tristeza.
Calentar mi piel mientras escribo sueños en el reverso.
La esencia de las flores inmersa en los pliegues de tu cuerpo.
Con la esencia de las flores exprimiremos versos.
La luna querrá robarnos para hacerlos suyos.
El calor de tus palabras es el mayor de mis momentos.
De plata la medianoche. De frambuesa, tus deseos.
Las flores serán poemas que alienten mis días.
Envuelto de sensaciones, volando sobre la vida.
Lejos de las causas perdidas. Lejos del frío invernal.
Lejos de las noches vacías. En órbita a tu corazón.
No habrá causa perdida si mi razón eres tú.
Si eres mi única luz, el dueño de mi guarida.
No hay color entre los deseos del corazón
y la ley aplicada que susurra la razón.
No hay color entre un beso robado
y el levantar que sabe a hueco.
No hay color entre gozar la vida
y vivir entre cantinelas dormidas.
