
2017 “Lo que queda después del ruido”
Después del golpe,
no vino el silencio.
Vino algo más incómodo:
la necesidad de seguir.
Sin épica.
Sin relato.
Solo con lo que quedaba.
Aprendí a decir menos
porque ya no podía sostenerlo todo.
A quedarme en una frase
cuando antes necesitaba veinte.
A aceptar que hay victorias
que no se celebran,
porque el precio
aún respira dentro.
Casi muerto.
Apenas vivo.
Y aun así, de pie.
No por fuerza,
sino por inercia.
Me descubrí contradictorio
sin intentar corregirme.
Capaz de querer
y al mismo tiempo retirarme.
De acercarme
solo hasta donde no doliera demasiado.
De no elegir…
porque elegir implicaba perder.
Y todavía no estaba listo.
Empecé a entender
que no todo lo que siento
merece quedarse.
Que hay partes de mí
que sobran
aunque me definan.
Y que crecer
no es añadir,
es recortar.
Me vi por dentro.
Sin relato.
Sin excusas.
Complicado.
Inestable.
Real.
Y por primera vez,
no intenté arreglarlo.
Porque quizá vivir
no era encontrar equilibrio,
sino sostener el desequilibrio
sin romperme.
O romperme…
y seguir igual.
