La palabra es vida

lunes, junio 29, 2026 Permalink 0

La palabra es vida

Hay conversaciones que terminan cuando se agotan las palabras.

Y hay otras que comienzan precisamente entonces.

Me gustan las segundas.

No buscan tener razón.

No buscan convencer.

Ni siquiera buscan una conclusión.

Buscan algo mucho más difícil.

Desnudar una idea hasta que deje de parecer una idea y empiece a parecer una evidencia.

Hace unos días una frase de Juan Rulfo abrió una puerta que llevaba toda la vida delante de mí. No me enseñó nada. Me recordó algo que siempre había sabido y que nunca había sido capaz de nombrar.

Desde entonces no he dejado de pensar en la palabra.

No en la literatura.

No en la retórica.

En la palabra.

Porque la palabra no existe para demostrar que pensamos.

Existe para que una vida alcance a otra.

Todo lo demás son adornos.

Quizá por eso la verdad siempre parece tan sencilla cuando finalmente aparece. No porque sea simple. Porque ya no necesita defenderse.

La inocencia tampoco consiste en ignorar el mundo. Consiste en mirar las cosas antes de que aprendamos a disfrazarlas. Antes de que el miedo las interprete. Antes de que la conveniencia las domestique. Antes de que la mentira las maquille.

La realidad tiene una vocación extraña. Quiere ocupar todo el espacio. No porque sea ambiciosa, sino porque toda verdad tiende a regresar al lugar que le corresponde. Igual que la luz busca cualquier rendija para entrar en una habitación cerrada.

Después llega la noche.

Y la noche no es el enemigo.

Es el lugar donde ya no podemos mirar hacia fuera y nos vemos obligados a reconocernos por dentro.

No existe un libro de instrucciones para atravesarla.

Solo preguntas.

Solo memoria.

Solo la intuición de que la verdad sigue ahí aunque todavía no podamos verla.

Quizá por eso me gusta tanto conversar sin prisa.

Compartir una idea.

Dar una vuelta más.

Quitar una palabra.

Encontrar otra.

Volver a empezar.

No para fabricar una verdad.

Para retirar el último adorno que todavía la ocultaba.

Algunos lo llamarían filosofía.

Otros amistad.

Otros silencio compartido.

Yo prefiero pensar que simplemente estamos aprendiendo a vivir.

Porque vivir, al fin y al cabo, también es eso.

Permitir que una palabra encuentre un hogar en otro ser humano y descubrir, con una mezcla de asombro y gratitud, que cuando eso ocurre ya no pertenece a quien la pronunció.

Pertenece a la vida.

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