Cuando la vida, caprichosa,
exige redoblar esfuerzos,
recordemos que la desnudez
fue nuestro lecho común al nacer.
Sin diferencias.
Hermanos.
Con alma.
Iguales.
Que no nos diferencie
el odio o la ignorancia.
La ceguera voluntaria
ni mirar sobre el hombro.
Aprendamos a soñar
bajo el mismo techo.
Sin que nadie sobreviva
de las sobras que desechamos.
Al fin y al cabo
todos aprendimos a amar
mirándonos a la cara
bajo esta cúpula de estrellas
En el borde de tu locura
Existen múltiples clases de melancolía:
La distancia que se agranda cada vez.
El silencio que se disipa con un eco sordo.
El roce de los labios de manera esporádica.
Consumar un sueño que se desvanece.
También hay múltiples alegrías:
El frescor de una ola imprevista que te revuelca.
Retener tu sabor en mi boca aun después de la partida.
Cerrar los ojos unos segundos más, tonteando con un recuerdo.
El aroma de fruta madura que desprende tu piel al atardecer.
Y que seria de la vida sin locuras:
Caminar cientos de kilómetros para disfrutar un instante.
Comprar un canario enjaulado y soltarlo libre en el jardín.
Dejarte perder a las damas para jugar otra vez.
Volver a llamar cada día para escuchar tu voz.
Y así me voy dando cuenta
que mi vida es alegre,
incluso con su melancolía.
Porque hace tiempo
que bailo embriagado
en el borde de tu locura.
El albor de un tintineo
No vivo de sueños.
Pero si de su magia.
Aunque en realidad
Libo, ansioso, su eclosión.
No llena vacíos.
Ni tan siquiera los crea.
Esta historia trata
del albor de un tintineo.
Nada me interesa
sin su esencia y descripción.
Cuando quiero ver estrellas
coloreo fuegos de artificio.
¿Acaso existe
terror más insoportable,
que una fría habitación
carente de alma?
Imbuirte
No solo oxígeno necesitas para respirar.
Necesitas las partículas que emana su cuerpo.
Tanto las aromáticas con esencia de carne.
Como las húmedas que riegan mi piel.
Si te fijas bien,
en los momentos intensos
es cuando el alma prescribe
contener la respiración.
Un parpadeo.
Un beso.
Una caricia.
Una impresión.
Por un instante,
quieres imbuirte.
Encontrar su luz.
Ser ella y tú.
Un destino ilusionante
Partí en busca de la felicidad,
y aun me encuentro persiguiendo
el esquivo viento del norte
que inspira las cometas.
Ciego de fácil risa,
conseguí dominar
la infértil persecución
del hálito de los ilusos.
Pasa el tiempo y el espejo,
juez implacable del maquillaje,
me ha devuelto la sonrisa
mientras salpicaba en el baño.
Hoy colecciono retales.
Viejas canciones inacabadas.
Un fajo de manuscritos,
y un destino ilusionante.
un guiño de complicidad
Mece el viento
Los níveos cabellos.
Los sueños que nunca
lograron cristalizar.
Lejos la tristeza,
valoras las perennes razones
que tuviste en cada arista
de conocer su nombre.
Libertad para reírse
cada vez que un proyecto
se materializaba ante sus ojos
con un guiño de complicidad.
Eterno rompecabezas de la vida.
Ese, que armas un instante
y al siguiente, ya no significa nada.
Salvo que vuelves a comenzar.
Crónicas nacidas del vientre de lo inexplicable
Acaricia el sol
mi ajada piel,
Y recompone simple
su vieja sintonía.
Primitivas sensaciones
guardadas bajo diez llaves.
Oxidadas de tanto silencio
no se atreven a ver la luz.
Vientos que recorren la espalda,
alborotados desde que nacen
a la orilla de tus labios
y que ahora se hunden en mi alma.
Un paso adelante
en las crónicas
nacidas del vientre
de lo inexplicable.
Siempre encuentras un lienzo
donde pergeñar cuatro líneas
sin ton ni son y, que por arte
de una mirada, se abren de par en par.
Tu decides
Sobre un campo
eternamente virginal,
tristeza e ilusión,
miden sus armas.
Por un lado:
Lágrimas saladas e inertes.
Pies descalzos magullados en el camino.
Penas que oprimen hasta sesgar el aliento.
Confidencias traicionadas.
Palidez ante un futuro menguante.
El filo del abismo cierto e inmenso.
Llaves que cierran cualquier atisbo de luz.
Paseos con la mirada perdida y el alma ausente.
Momentos en que la frágil cuerda se vuelve espino.
Por el otro:
Un manojo de sonrisas encaramadas en tu rostro.
Abrazos con aroma a jazmín.
Cálidos labios en el umbral de una cama.
Ventanas abiertas con matices de mar.
Tú decides
donde quieres estar.
O bien, si quieres,
te puedo rescatar.
La sal embriaga el aire
Persigo momentos
por su intensidad.
Y al mismo tiempo
por fugaces y etéreos.
Allí donde el mar se retira
para impulsar nueva ola.
La sal embriaga el aire
y cristaliza el silencio.
Allí donde la luna juega
y parpadea al paso de las nubes.
Comunicando en aparente morse
donde anida tu alma acurrucada.
Un tango
resbala por tu cuerpo.
Sin permiso.
Sin compasión.
El destino
El destino vive agazapado
tras cada decisión.
Esto hace que la duda
se me antoje infructuosa.
