Busco en mi interior un mundo irreal
donde los aromas se filtran en la alfombra.
Las telas de araña dan sonido a la noche
y los pliegues de tu piel son colinas de placer.
Entiendo su complicación,
la falta de planos o diseño.
Lo inaccesible de la comprensión
incluso, la locura de pretenderlo.
Pero ni los mundos son únicos,
ni la existencia semejante.
Sin magia a la que aspirar
solo esperamos que la vida suceda.
No soy actor de novela
dictada por literatos extraños.
Tan solo dos personajes y una ilusión
pueden recomponer este universo.
Hasta nunca jamás
Me quito de encima
Los crápulas.
Los chupasangre.
Los acusadores.
Los que lloran sin razón.
Los que roban energía.
Los que buscan la maldad.
Y los que esconden la bondad.
Los que nunca debí conocer
Y los que me acechan en la oscuridad.
Los indeseables de este mundo.
Y, como no, los malditos cobardes.
Con el resto de amigos
encenderé una hoguera
lo suficientemente grande
que grite al mundo:
Hasta nunca jamás.
Vaivén de olas
Hace algunos meses,
lanzaste, misteriosa, al mar
una botella vacía
y así me lo hiciste saber.
Ayer, paseando en la playa,
observé sobrecogido
como encallada en la arena
brillaba llamando la atención.
Había recogido docenas
de incrustaciones de sal.
Esculpidas en tantos azules
como vaivén de olas franqueó.
La descorché pensando en ti.
No se si por la ilusión
o por el deseo de compartir algo tuyo,
sentí que mis manos se reposaban
sobre tus mismas huellas.
Aromas concentrados.
Tacto que se disuelve.
Brillo de auroras.
Matiz sonriente.
Hermoso regalo.
Con tan solo un susurro
has creado en un instante
un día insuperable
pintando caracolas
Aquellos bichitos
que caminaban de puntillas
sobre caminos adoquinados
jugando al tejo.
Coreografías de libélulas
alrededor del fuego
pintando caracolas
con sus alas coreadas.
Fauna inanimada que,
a golpe de hada madrina
eran capaces de consolarte
o invitarte a bailar.
Anhelo aquellas historias
que nunca te abandonan.
aunque la mente crezca
con el corazón a la espalda.
La intensidad del deseo
Tus labios gélidos en rojo carmesí
aun dolientes del placer de la fruta.
Mis labios cerca.
A dos centímetros escasos.
Tu mirada perpleja
por la intensidad del deseo.
Mis pupilas abiertas
Cual felino que fija su presa.
Mis manos se adelantan.
Se posan en tu festiva cintura.
Contoneando, se acomoda a la mía
y ahora el suelo recoge los cuerpos.
Una noche mágica.
Un dulce calor
emana del frío
rompiendo costuras.
siembra una estrella
Ante lo insulso y paradójico
me levanto en silencio.
Pero contundentemente
comienzo a sonreír.
Ante la locura y lo imprevisto
me rindo con pleitesía.
Pues lo diferente es lo nuevo
y la efervescencia del día.
Ante ti me postro con devoción, pues,
cuando mi ojos estaban inundados
tus brazos me dieron el calor suficiente
para erradicar mis penas hasta lo mas lejano.
Ante el infierno me postro de espaldas
porque aun en ese momento
me queda la esperanza
que siembres en mi una estrella.
Tallos desafiantes
Aun cuando las flores se marchitan
quedan sus tallos desafiantes.
Aun cuando el agua es turbia
no pierde su condición de vida.
Aun cuando un adiós parece firme
No es más que la sentencia de libertad.
el epicentro de tu vida
Cuando respiras
Lo necesitas tú.
Cuando besas
Lo deseas tú.
Cuando abrazas
Lo buscas tú.
Cuando vuelas
Mueves las alas tú.
Cuando vives.
Sueñas, ríes.
Saltas o corres.
Lo haces tú.
¿Entonces?
¿Por qué buscas
en los demás
la devolución
de tu eco?
Nunca serás algo
que surja de los demás.
Al contrario podrás estar
en el epicentro de tu vida.
En realidad te añoro
No hay suficiente cielo.
Ni estrellas.
Ni horizonte.
Ni tan siquiera tierra.
Existe un hoy,
regado de ayer.
Y ribeteado de azul
cuando aspiro tu piel.
Y existe la lluvia.
Que me da vida y empapa.
Y los rayos, truenos y tormentas
con los que, temblorosa, me abrazas.
Y voy viviendo.
Unos días al sol.
Otros a la sombra.
Aunque en realidad te añoro.
improntas que no comprendo
“Adueñarme de la carne.”
Esta frase es recurrente en mis sueños.
Por el que aspiro placer
bajo el santuario de tus brazos.
Un sentimiento esencial
en el borde que delimita
la satisfacción espiritual
y el apetito del alma.
Improntas que no comprendo.
Velando la deidad
que conforma tu espalda
sobre el vaivén del mar.
Entre el cimbreo de las alas
de una gaviota perdida,
El aroma desperdigado de a tarde
inunda un resuello silente y prohibido
