Te observo absorto
y me quedo sorprendido
del mimo con que te tratan
Los tibios rayos de sol del invierno.
Te rodean.
Te acarician.
Te miman.
Te inundan.
Siento celos.
Buenos celos.
Porque observo,
privilegiado
la naturaleza
de mis deseos.
Compartiendo sueños,
un día me encontraba
a los pies de tu cama
observando en silencio.
Así,
escribir se ha convertido
en una caricia constante
al despertar cada mañana.
No tengo medida en la locura
Te amare esta noche
asido a un faro en la niebla
que magnetiza el deseo
al dejar tu piel encendida.
Por la mañana,
aun calientes las sabanas,
me enredaré en tu pelo ensortijado
a modo de una cuna que mece.
Ya entrada la tarde
recordaré lo andado.
Tratare de mejorarlo
y comenzaremos de nuevo.
Anclemos nuestra historia
en el mundo donde nace
el soporte de las estrellas
y su brillo perfecto.
No tengo medida en la locura.
Como tampoco soy capaz
de marcar límite u horizonte
a la intensidad del encuentro
vivir trata de eso
Vivir
es amar
sobre la soledad
y lal ausencia.
Recrear escenas.
nunca vividas.
Aunque soñadas
y sentidas.
No busco
nada evanescente.
Ni algo etéreo
si no es para llenar mis pulmones.
Vivir trata de eso.
Deseos.
Emociones.
Ilusion.
espacio y tiempo
¿Qué tiene tu espalda
que atrae mis manos a tu cintura
Y converge mis labios en tu espalda
sobre piel única e incandescente?
Tal vez.
Como reviven mis manos,
bordeando tu vientre
mientras resistes.
Tal vez.
Como doblas tu cintura
uniendo espacios vitales
bajo un mismo espectro.
Lo que no discuto es,
la necesidad de combinar
espacio y tiempo
en un único momento.
desde el fondo de la tierra
Desde el fondo de la tierra
surge una melodía que incita
a abarcar tu cintura y aspirar
el aroma que emana de tu cuello.
El frío de tu piel desatendida.
El fragante final del maquillaje.
El aterciopelado escalofrío que te envuelve.
El tierno sentido de satisfacción inmaterial.
La vida nos regala una y otra vez
una oportunidad para entregar
ese halo de luz que envuelve una sonrisa
a cambio que no dudes en compartirla.
Hoy he fraguado recuerdos.
Recreado intensos sueños.
Y he dejado de mirar atrás,
si no es para esperarte.
La crepitante llama
Nunca me he alejado del mar
más allá de los confines
donde puedo recordar al instante
el aroma a la sal.
Sus fascinantes historias.
La crepitante llama
de la noche estrellada
sobre la salpicada arena.
Sus caracolas marinas.
Su acurrucante vaivén.
Sus amplias miras.
Su rendición en la orilla.
Y sobre todas.
Aquella noche –La noche-
donde tus sueños reposaban
en mi vientre sobre la arena.
Nada es inmóvil
Caen los deseos.
Sobre tu vientre
como copos de nieve
que ardientes se derriten.
Crece el futuro.
Intangible.
Sobre infinitas formas
Y cavilaciones.
Nada es inmóvil.
A poco que le demos
un halo de vida,
Entre dos.
historias que se enmarañan
Hay historias
nacidas para olvidar.
Historias que se enmarañan
y nunca eclosionan.
Un viejo amor colegial.
Errores que no supimos interpretar.
Incomprendidos silencios.
Desagrados desproporcionados.
Por la puerta chica de los errores
se han deslizado mas fracasos,
que pecados inconfesables
han caído al infierno de Dante.
No quiero espacios
No quiero espacios.
O silencio.
Quiero intensidad.
Y de paso, armonía.
Quiero lágrimas
que reparar.
Remolinos en tu pelo
que acariciar.
Lamentos,
decrecientes.
Sensaciones,
omnipresentes.
Anhelos abstractos
con base firme.
Confluencia de tiempo.
Ausencia de viento.
¿importa?
Apoyado en el marco de la puerta,
el aire fresco de la mañana
juega irreverente con mi pelo
mientras la imaginación cuestiona:
¿Son las nubes el pincel de los sueños?
¿O simplemente un adorno caprichoso?
¿Dominamos a la bestia?
¿O ésta nos hace concesiones?
¿Subo los peldaños de la escalera?
¿O bajo al mundo de la realidad?
¿Me iluminan los rayos de sol?
¿O el cielo necesita mi energía?
¿Amo?
¿O dejo que me amen?
¿Importa?
