Soy libre
porque amo depender
de tus emociones
sin sentirme esclavo.
Te elevas al cielo,
y me llevas contigo.
Odio despertar de un sueño
con lágrimas en los ojos,
y no me consuela
aunque lo llenes de colores.
Soy libre
porque amo depender
de tus emociones
sin sentirme esclavo.
Te elevas al cielo,
y me llevas contigo.
Odio despertar de un sueño
con lágrimas en los ojos,
y no me consuela
aunque lo llenes de colores.
Siempre hubo un después,
que nos salva de las llamas
e impide que el odio florezca
ni que sufras jamás.
Te has dado cuenta que quieres verme
cuando tu piel grita mientras se agrieta,
ante la ausencia de costumbre.
Cien versículos de paciencia
y un manojo de cuentos,
me entretienen mientras cuajan
los elementos recurrentes.
Saciemos esta inconsistencia
que va avinagrando el tiempo
y albea los espacios con ausencias.
Quiero saberte.
Sin prejuicios.
Sin dobleces.
Sin condición.
Paso a paso matamos la ilusión que impregna nuestros sueños.
Nuestro atrevimiento es minúsculo frente a la reinvención.
Mi patria es mi familia y su dedicación la energía que me mueve.
Te invito a mirar dentro de ti y rescates los rescoldos del naufragio.
Partir una y otra vez desde el centro del corazón hacia el camino.
Desposeernos de profecías y ser capaces de rediseñar la vida.
Podemos reescribir un mundo mejor a poco que afilemos el lápiz.
Perdamos la sensación de vértigo a que nos desafía un folio blanco.
Si no somos parte de la élite debemos seguir aspirando a remodelarla.
Todo lo que pasó es historia y como tal, vive, pero no palpita en paz.
La frontera entre el crepúsculo y la nostalgia no es más que humo.
Abdiquemos ante la muerte pero no ante cualquier controversia falaz.
Confesemos nuestros miedos para que la vida siga discurriendo.
Si soy capaz de amarte y no lo comparto, nunca me tocará la felicidad.
Y eso, amiga mía, imposibilitaría que tu vida sea la extensión de la mía.
A medida que esbozo tus cualidades,
más te asemejas a una obra de arte.
Mi mente crea cuerpos que mis manos
dan forma de humo acristalado.
La fértil intersección que intuye
lo incomprendido y lo impasible.
Sentimientos imposibles
que trasnochan en la piel
y duermen ausentes.
Hay almas que envejecen a marchas forzadas,
fruto de un compendio de conversaciones
imaginadas con trazos aislados de cordura.
Me alimento de migajas de tus emociones
que abrevaron en una primavera conclusa
y siguen errando de corazón en corazón.
Se hace la noche sobre mis esperanzas
mientras fecunda una gota de roja sangre
sobre mi cansado espacio intercostal.
Aprendí a morir decorosamente
mientras jugabas a ser el puñal de Dios.
No quiero que seas nada, salvo mi realidad.
Que la eternidad no tenga significado.
Larga calma de tu cuerpo sobre arremolinadas sábanas.
Palpitan los anhelos entre contracciones involuntarias.
Se consuma el deseo y consumimos el aire que nos rodea.
La espuma del deseo cubre los poros de tu piel perfecta.
Salimos del abismo al que juntos accedimos a nuestra vera.
Resplandece el blanco de tu sonrisa sobre el rojo imperfecto.
Un velo de agua compartida y sueños consumados de a dos.
Oro que asciende. Aromas de sal y sabor maduro de fresa.
La consagración de la ofrenda de los cuerpos incombustibles.
El centelleo que siembra el humo de la pasión espontánea.
El rumor de la orilla de la cama. tu sombra repleta. Tu orilla.
Dentro de mi corazón se abre un hueco abocado a tu aliento.
Siembro hueso y sangre vencida. Recolecto turgencia divina.
Te atesoro, y ya comienzo a temblar si algún día te pierdo.
Quiero que seas el ángel
que venga a buscarme
tras la muerte.
Que mi última sonrisa
te salude mientras me abrazas.
De cuando la seducción
se convirtió en corrupción,
ante quien me desposeí
de la crueldad de este mundo.
Con mi última lágrima.
pronúnciame por quien soy,
y no por lo que este mundo
quiso que fuera.
He tenido voluntad de amar
por mí mismo.
Sin embargo hoy necesito
que me ayudes a dar
el último paso.
Extraños pétalos de ignota flor.
…
Aquellas lágrimas,
nunca derramas
Cristalizadas,
e incrustadas.
Murallas durmientes.
Universos convexos.
Diamantes sin pulir.
Océanos sagrados.
Milagros irisados.
Eternidad que zozobra.
Ingratitud,
y profusas traiciones.
Tañidos de ansiedad.
Gloria extinta.
Lujuria sin carne.
Fósiles arcanos .
Festín de atmósferas.
Sudarios sobre la cama.
Extraños pétalos,
de ignota flor.
La demencia
que amo y odio
Y necesito beber.
Sé quién eres:
La felicidad plena.
El miedo a perderla.
La muerte cabalga rápida
a lomos del último beso,
aun cuando no hayas
decidido dármelo.
Aprovechemos
la felicidad que podamos
mientras el beso de la muerte,
ese que te arranca el hálito,
y te deja inerte ante el silencio
de la presencia secuestrada.
Entramos en esa falsa decadencia
donde podamos ante el confesionario
la vida que llevamos a cuesta.