Me deslizo entre las sábanas.
Siempre encuentro el calor
que necesitaron mis sueños
Para desplegar sus alas.
La mezcla perfecta
entre aroma y terciopelo.
Espacios inexplorados
y una delirante necesidad.
No tengo capacidad
para sintetizar como haces
que unas horas de complicidad
pueden hacerme estremecer.
Luego, mientras recuperas el sueño,
contar con la yemas de mis dedos
los huecos que tus vertebras ofrecen
a modo de frontera que entregar.
Los días puros
La vida nos convoca a su presencia
Nos lleva. Nos trae. Nos separa.
Se mueve por caminos oscuros
para volver a hacernos coincidir.
Pasar una prueba no sirve para superarla.
Cuando menos te lo esperas aparece,
como un rayo de luz fugaz que se adhiere
y exige atención y examen urgente.
A veces es una losa.
Otras un recuerdo,
Otras, simplemente,
una sensación que te envuelve.
Si pudiera elegir mis recuerdos,
me quedaría con la infancia.
Dura dentro de la familia,
pero inmensa y plena en la calle.
Juegos trepidantes.
Amistad inquebrantable.
Complicidad permanente.
Y algún dolor en los dientes.
Los días puros.
Los de la paradoja estridente.
Aquel primer amor, hoy lejano.
O el ultimo adiós a mi amigo.
Nunca he luchado para perder
No puedo respirar.
Las ventanas ocluidas
revestidas de rojo intenso
me imposibilita la perspectiva.
Contengo el aliento.
Como la ultima bocanada
que aguanta el soldado
al recibir una herida.
Soy caballero de guerra.
Mi piel se ríe de la coraza.
Pero te juro que hay momentos
que me aferraría al instante incierto.
Nunca he luchado para perder.
Y sin embargo siento que tus palabras
delatan la decisión que escondes
que te rindes a la posibilidad de amar.
Aprendí a volar
Aprendí a volar.
A deslizarme entre nubes.
A domar vientos
para, simplemente, soñar.
Jugar con tu cuello.
Rodearte de mil aromas.
Creados entre la aurora
Y el despuntar del mes de Junio.
Deslizarme por tu piel.
Descubrir zonas inexploradas.
Anidar en cada lugar
de tu piel lastimada.
Cualquier cosa
por una sonrisa
cuyo destino
sea esculpido.
Del fondo de mi copa
El mar saco de una chistera.
Una gran bola de calor
donde calcinar el pasado
y ahumar el futuro.
Del fondo de mi copa
saco poemas enteros
nacidos para alabarte
aun en la profunda distancia.
Desde el fondo de tus labios
escucho truenos y no palabras.
Hace mucho tiempo que tu corazón
más que palpitar, hiberna.
Ahora te miro,
visitando otras casas
vistiéndote de fiesta
con el amor que te enseñé.
Y lejos de desilusionarme,
o simplemente entristecer,
me alegro que al menos mi obra
soporte tu infértil felicidad.
A las puertas del infierno
A veces, nos enquistamos en las miserias,
y olvidamos que nacimos vulnerables.
Que el miedo y el tiempo nos convierten,
el alma en frágil y menguante, a poco que te distraes.
Queremos vivir cada día bajo el universo
que nuestros padres crearon para nosotros.
Sin que nos enseñaran que, con el tiempo,
hay que mantenerlo orbitando desde dentro.
Al final, acampamos a las puertas del infierno
por un poco de calor artificial e interesado,
que hace que la venda de los ojos
nos maquille un mundo abismal y confuso.
No olvides que para corregir el rumbo,
basta recordar unos segundos
que la más bella flor
no es posible sin estiércol.
Consumemos una vida
Consumemos una vida
de poesía y sonrisas.
Una esfera de ilusión
a modo de orilla.
Un furtivo dorado se ríe del atardecer
mientras adorna el fulgor de este fuego
con la grácil huella indeleble
de tus dedos entrelazados con el deseo.
La copiosa luz multicolor
derrama un susurro esta tarde
que reverbera límpido en el alma
mientras desgrana, paciente, su espera.
¿Una noche imposible?
Observo tus labios.
Perfectamente delimitados.
Explosivos, sugerentes.
Perfectos para olvidar el ayer.
Observo tus labios
y los míos recobran vida.
Una energía irrefrenable
te ofrece una noche imposible.
Aun no he decidido
si besarte con los ojos cerrados
o cogerte por sorpresa
y perfeccionarlo con tu mirada.
La última hoja
Tu eres quien me hace real.
Quien dibuja mi contorno contra la pared.
Quien ahuyenta mis miedos nocturnos.
Quien ancla mis sueños a la fecunda tierra.
Sobre tus pensamientos el viento caracolea.
Frente al espejo no cabe otra imagen real.
La última hoja que abate el otoño de la esperanza.
La pátina cristalina que regala el azul al mar.
El último hilo del que pende
esta atracción sobrenatural
que tu piel ejerce sobre mis manos
y hace el universo explotar.
Es lo que soy
No deseo
que aceptes
todo lo que digo.
Ni tan siquiera
quiero que lo admitas
sin pestañear.
Solo te muestro
un pensamiento
libre y fugaz.
No me quites
lo que expreso.
Es lo que soy.
